La Liturgia es la fuente donde los católicos nutrimos nuestra vida cristiana y nuestra caridad apostólica. La Liturgia es la ACCIÓN SAGRADA o EJERCICIO SAGRADO que se realiza en la Iglesia para continuar la OBRA SACERDOTAL DE CRISTO, para GLORIFICAR A DIOS y para SANTIFICAR A LOS HOMBRES.
Estas acciones sagradas son las que denominamos RITOS SAGRADOS, nos ayudan a tener siempre presente el Misterio Pascual de Cristo, glorificando al Padre y santificando a los hombres.
La Liturgia tiene por fin primario la gloria de Dios, principio y fin de todo y fuente de todo bien, y por fin secundario la santificación del hombre en orden a la vida eterna.
A la Santísima Trinidad se eleva todo el culto litúrgico, este culto tributado a las Tres Divinas Personas es y se llama culto de Latría o Adoración, si es tributado a la Santísima Virgen es y se llama culto de Hiperdulía, por encima de los Santos, y si es tributado a los Santos es y se llama culto de Dulía, como a siervos de Dios.
La Liturgia debe ser vivida, es fuente de espiritualidad cristiana.
Jesucristo es el ministro principal, el Sacerdote Supremo, el Mediador entre Dios y los hombres, el que, a través de sus sacerdotes, ofrece visiblemente el Sacrificio, administra los Sacramentos, ora y canta las alabanzas.
La vida litúrgica de la Iglesia se da en torno al Sacrificio Eucarístico y los Sacramentos.
El Sacrificio Eucarístico es el centro de la vida cristiana y el culmen de la acción por la que Dios santifica al mundo en Cristo. Por lo tanto es también el centro del culto que los hombres ofrecemos al Padre, a quien adoramos por medio del mismo Cristo, Hijo de Dios. Es el centro del cual parten y en el cual desembocan todos los esfuerzos apostólicos de la Iglesia.Es muy beneficioso para nosotros participar de la Santa Misa, y sería ideal si todos pudiéramos hacerlo diariamente, convirtiendo esta celebración como el centro de nuestro día.
Nuestra participación consciente, fervorosa y activa, encontrará su momento cumbre en la recepción de la Sagrada Comunión.
Es importante también que expresemos nuestro sentido de unidad eclesial acudiendo los domingos y días festivos a la Celebración Eucarística en la propia parroquia.
Después de esta breve introducción sobre lo que es la Liturgia en nuestra Iglesia, vamos a ver este Sacramento Admirable que es la Sagrada Eucaristía. Comenzaremos con las partes de la Santa Misa para que nos ayude a gustar más de esta celebración. Después ampliaremos el Sacramento con todas las enseñanzas de la Iglesia.
Las partes de la Misa son las siguientes: La Santa Misa se divide en dos grandes partes, la LITURGIA DE LA PALABRA y LA LITURGIA DE LA EUCARISTÍA. Son dos grandes Banquetes en los que el Señor nos colma de gracias y bendiciones. En el primero nos alimenta con sus enseñanzas, en el segundo nos alimenta con su Cuerpo y Sangre.
El primer gesto de unidad en Cristo Jesús que ocurre en la Santa Misa es que Todos se reúnen. Los cristianos acuden a un mismo lugar para la Asamblea Eucarística. A su cabeza está Cristo mismo que es el Sumo Sacerdote. Él mismo preside invisiblemente la celebración. Como representante suyo, el sacerdote preside (dirige) la asamblea, toma la palabra después de las Lecturas, recibe las ofrendas y dice la Plegaria Eucarística. Todos tienen parte activa en la celebración, cada uno a su manera; los lectores, los que presentan las ofrendas, los que dan la comunión, y el pueblo entero cuyo “Amén” manifiesta su participación.
Ritos iniciales de la Misa. Entrada: El Sacerdote y sus ministros salen de la sacristía y van en procesión hasta el Altar. Esta entrada supone y requiere que todos estén reunidos. La Misa comienza ahora, y toda ella es un Acto Cultual, por esto, los fieles que llegan después rompen la unidad y quitan a Dios algo que “es de Dios” y de Su Iglesia. Es necesario combatir la impuntualidad. Lo exige también la caridad fraterna. Congregados por Dios, todos los fieles, se incorporan a la Misa como Co-ministros de la celebración eucarística, y deben participar activamente hasta el final, ejerciendo su “real sacerdocio” de bautizado.
Saludos: son dos: 1º.- al Altar, los fieles deben saludarlo con inclinación mayor a medida que van llegando, y con genuflexión (se dobla la rodilla derecha hasta el piso) si está el Santísimo en El Sagrario. El Sacerdote, además, besa el Altar. Estos gestos son veneración al Altar, que representa a Cristo, donde Él va a entregarse por todos, para salvarnos. Y 2º.- a la Asamblea. La cual responde al saludo diciendo: “y con tu espíritu”. Pero comenzando, como toda obra buena importante (y la Misa es la Acción más importante del creyente) con la señal de la Cruz redentora.
Acto penitencial: puestos ya en presencia de Dios nada más útil que purificar las almas y reconciliarse con Dios misericordioso. De este modo el sacerdote y el pueblo participarán de la Santa Misa con espíritu humilde. Por eso el sacerdote invita a todos a reconocerse pecadores y a pedir perdón.
Cristo nos invita a la Santa Misa
Recordemos la parábola de los invitados a las bodas: Un rey organiza un gran banquete al que invita a gran cantidad de gente. Algunos no pueden ir, no obstante, la sala se va llenando. En un momento dado, ese rey se da cuenta que uno de los invitados no está preparado para estar en su banquete, no tiene el vestido limpio, y entonces el rey le pide salir, y dejar el banquete.Cristo nos invita a la Santa Misa. Cristo nos llama pero somos nosotros quienes nos debemos poner el vestido correcto, debemos llevar el vestido limpio, es decir, la pureza debe vestir nuestra alma.No somos dignos de recibir al DiosAlgunas veces sentimos que no somos dignos de recibir a Dios, que no somos dignos de su perdón y, es cierto. Nunca, la persona humana podrá ser digna de todo un Dios. Es Dios quien nos hace dignos con su perdón.En este momento de la Santa Misa todos nuestros pecados veniales quedan perdonados para ser dignos de recibir a Cristo en la Eucaristía. Sabemos, por la doctrina de la Iglesia, que los pecados mortales sólo se perdonan en el Sacramento de la Reconciliación, pero todas nuestras imperfecciones, todas nuestras debilidades y todos los pecados veniales quedan perdonados, quedan absueltos en este momento del acto penitencial. Las palabras que dice el sacerdote, son claras: “Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna”. El sacerdote después de rezar el Yo confieso con todo el pueblo, pide a Dios que otorgue su perdón a todos los fieles que participan en esa santa misa.Frutos del acto penitencial¿Cuáles son los frutos de este acto penitencial? En primer lugar, como hemos mencionado, perdona los pecados veniales. En segundo lugar, nos hace dignos de poder estar ante el Señor, de poder recibir la Comunión. Y como consecuencia de estos dos frutos, y es lo que más tenemos que valorar, nos ayuda a mantenernos en una continua limpieza de nuestra alma. Transforma y regresa nuestra alma a su estado puro del día del Bautismo o de la primera Comunión. El alma que cada día hace, con conciencia, este acto penitencial es un alma totalmente entregada, totalmente encauzada y enfocada a Dios nuestro Señor.Cada día volvemos a ser como nuevos, cada día nuestro corazón vuelve a estar totalmente limpio, totalmente enfocado, totalmente dedicado a Dios nuestro Señor.No restes importancia a este acto, no estés distraído, no lo veas como simple requisito al inicio de la misa o para hacer después las lecturas. Valora el fruto, el gran milagro que se obra en esos momentos en tu alma cuando con sinceridad pones tus faltas en manos de Dios, cuando reconoces esas actitudes desviadas que Dios no quiere para ti. Ten la certeza de que Él te perdona, y de que sales de la Santa Misa con el alma totalmente limpia de tal manera que te mantienes con la integridad de tu Bautismo, de la primera Comunión. Habrá habido malas experiencias, habrá habido caídas el día anterior pero tu alma vuelve a encontrarse como nueva ante Dios nuestro Señor, digna de poder recibir a Cristo.
(Todos los domingos (fuera de Adviento y Cuaresma), en las solemnidades y en las fiestas se reza el Gloria in excélsis: es un himno con el cual la Iglesia, congregada para la Misa en el Espíritu Santo, glorifica y suplica a Dios Padre y al Cordero. Después de proclamar la “inmensa gloria” de Dios Padre Todopoderoso, y de alabarle, adorarle y glorificarle como “Señor y Rey Celestial”, la asamblea interpone el poder misericordioso y redentor de su Hijo Jesucristo, Cordero de Dios, y Altísimo, reinando con el Espíritu santo, en la Gloria de Dios Padre.
La oración Colecta: el sacerdote invita a la asamblea a orar, diciendo: Oremos. Tras un breve silencio para poder cada uno presentar sus propias intenciones, reza la oración llamada “colecta”. Allí recoge todas nuestras intenciones y se las presenta al Padre por medio de Jesucristo.Es el momento oportuno para que nosotros le expongamos al Señor nuestras intenciones y necesidades, todo aquello por lo que queremos ofrecer la Misa, porque con esta oración todo queda presentado. Dios, nuestro Padre recibe de manos del Sacerdote, por medio de Jesús, nuestras intenciones.
lunes, 26 de mayo de 2008
SOBRE LA IGLESIA
1.-¿Cuáles son las cualidades de la Iglesia? Que es Una, Santa, Católica y Apostólica (811).
2.- ¿Por qué decimos que es Una? Porque tiene un solo Señor, confiesa una sola fe y un solo bautismo y forma un solo Cuerpo en un solo Espíritu (866).
3.- ¿Está herida esta unidad? Sí, y debemos pedir a Dios el restablecimiento de la misma (817, 822).
4.- ¿Por qué decimos que es Santa? Porque Dios, su autor, es santo; Cristo, su esposo, se entregó por ella para santificarla y el Espíritu Santo la vivifica (867).
5.- ¿Todos los cristianos están llamados a la santidad? Sí, aunque somos pecadores, todos los cristianos estamos llamados a la santidad, cada uno en su propio camino (825).
6.- ¿Cuál es el alma de la santidad cristiana? El alma de la santidad cristiana es la caridad (826).
7.- ¿Por qué decimos que la Iglesia es Católica? Es católica porque anuncia la totalidad de la fe, posee todos los medios de salvación, es enviada a todos los hombres, y abarca todos los tiempos (830, 831).
8.- ¿Qué nos exige el que la Iglesia sea Católica? Nos exige el espíritu misionero por amor a Dios y a la verdad (851).
9.- ¿Por qué decimos que la Iglesia es Apostólica? Porque está edificada sobre los apóstoles y es gobernada por sus sucesores: el Papa y los obispos (857).
10.- ¿Cómo la gobiernan? La gobiernan enseñando, santificando y guiando al Pueblo de Dios con la autoridad de Cristo (873).
11.- ¿Qué es el Colegio episcopal? Es la unión de todos los Obispos de la Iglesia bajo la autoridad del Papa, que es su Cabeza
12.- ¿De qué potestad goza el Papa, por institución divina? El Papa goza de la potestad suprema, plena, inmediata y universal sobre toda la Iglesia (937).
13.- ¿Quiénes son los Obispos? Son los sucesores de los apóstoles y fundamento visible de la unidad en sus iglesias particulares
14.- ¿Quiénes son los colaboradores inmediatos de los Obispos? Son los presbíteros y los diáconos (888).
15.- ¿Quién es el Obispo de Roma? Es el Papa, sucesor de san Pedro, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra
16.- ¿Hay diversidad de miembros en la Iglesia? Sí, hay ministros sagrados, fieles laicos y religiosos (873).
17.- ¿Quiénes son los ministros sagrados? Los obispos, los presbíteros y diáconos (939).
18.- ¿Quiénes son los fieles laicos? Son los cristianos, llamados a dar testimonio de Cristo en el mundo, en virtud de su participación en el sacerdocio universal (871).
19.- ¿Quiénes son los religiosos? Son los cristianos que profesan los consejos evangélicos en un estado de vida reconocido por la Iglesia, para seguir más de cerca a Jesucristo y dedicarse por entero al bien de los hombres (916).
2.- ¿Por qué decimos que es Una? Porque tiene un solo Señor, confiesa una sola fe y un solo bautismo y forma un solo Cuerpo en un solo Espíritu (866).
3.- ¿Está herida esta unidad? Sí, y debemos pedir a Dios el restablecimiento de la misma (817, 822).
4.- ¿Por qué decimos que es Santa? Porque Dios, su autor, es santo; Cristo, su esposo, se entregó por ella para santificarla y el Espíritu Santo la vivifica (867).
5.- ¿Todos los cristianos están llamados a la santidad? Sí, aunque somos pecadores, todos los cristianos estamos llamados a la santidad, cada uno en su propio camino (825).
6.- ¿Cuál es el alma de la santidad cristiana? El alma de la santidad cristiana es la caridad (826).
7.- ¿Por qué decimos que la Iglesia es Católica? Es católica porque anuncia la totalidad de la fe, posee todos los medios de salvación, es enviada a todos los hombres, y abarca todos los tiempos (830, 831).
8.- ¿Qué nos exige el que la Iglesia sea Católica? Nos exige el espíritu misionero por amor a Dios y a la verdad (851).
9.- ¿Por qué decimos que la Iglesia es Apostólica? Porque está edificada sobre los apóstoles y es gobernada por sus sucesores: el Papa y los obispos (857).
10.- ¿Cómo la gobiernan? La gobiernan enseñando, santificando y guiando al Pueblo de Dios con la autoridad de Cristo (873).
11.- ¿Qué es el Colegio episcopal? Es la unión de todos los Obispos de la Iglesia bajo la autoridad del Papa, que es su Cabeza
12.- ¿De qué potestad goza el Papa, por institución divina? El Papa goza de la potestad suprema, plena, inmediata y universal sobre toda la Iglesia (937).
13.- ¿Quiénes son los Obispos? Son los sucesores de los apóstoles y fundamento visible de la unidad en sus iglesias particulares
14.- ¿Quiénes son los colaboradores inmediatos de los Obispos? Son los presbíteros y los diáconos (888).
15.- ¿Quién es el Obispo de Roma? Es el Papa, sucesor de san Pedro, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra
16.- ¿Hay diversidad de miembros en la Iglesia? Sí, hay ministros sagrados, fieles laicos y religiosos (873).
17.- ¿Quiénes son los ministros sagrados? Los obispos, los presbíteros y diáconos (939).
18.- ¿Quiénes son los fieles laicos? Son los cristianos, llamados a dar testimonio de Cristo en el mundo, en virtud de su participación en el sacerdocio universal (871).
19.- ¿Quiénes son los religiosos? Son los cristianos que profesan los consejos evangélicos en un estado de vida reconocido por la Iglesia, para seguir más de cerca a Jesucristo y dedicarse por entero al bien de los hombres (916).
lOS FIELES DE CRISTO
LOS FIELES DE CRISTO: JERARQUIA, LAICOS, VIDA CONSAGRADA
Son fieles cristianos todos aquellos que se han incorporado al Cuerpo Místico de Cristo por el Bautismo, y que unidos a Él participan de la vida de la Iglesia cumpliendo todo lo que Jesús les mandó como misión.
Todos los miembros de la Iglesia son iguales en dignidad y todos cooperan a la edificación de la misma.
LA CONSTITUCION JERARQUICA DE LA IGLESIA
Cristo, el Señor, instituyó en su Iglesia diversos ministerios con el fin de que, ordenadamente, la Iglesia pueda caminar, Evangelizar y crecer en santidad.
Nadie puede anunciarse el Evangelio a sí mismo, tampoco puede enviarse a predicar a sí mismo, nadie puede darse la Gracia por sí mismo. Para eso se necesitan ministros autorizados y habilitados por Dios. Es entonces por esto que Cristo instituye a sus ministros, los Obispos y los Sacerdotes, para que actúen en su persona. Ellos reciben del Señor la misión y la facultad de actuar in persona Christi Capitis, es decir, como el mismo Cristo, en la persona de Cristo que es la Cabeza de la Iglesia. Los Diáconos reciben las fuerzas para servir al pueblo de Dios en la liturgia, en la Palabra y en la caridad. Este ministerio confiado por Cristo lo reciben por medio de un Sacramento específico. Estos ministros son los “esclavos” de Jesús, su ministerio y su autoridad les es dada a favor de los demás, a favor de la Iglesia y no para ellos mismos.
Jesús eligió a doce, los eligió juntos, y juntos los mandó a predicar y esta unidad fraterna estará para siempre al servicio de todos los fieles y como testimonio de fraternidad y unidad. Hoy, nuestros Obispos están unidos y a esa unidad se le llama COLEGIO EPISCOPAL, donde todos ellos ejercen su ministerio en comunión unos con otros y en comunión con el Obispo de Roma, que es el sucesor de San Pedro. Los sacerdotes ejercen su ministerio en el seno del presbiterio de la diócesis, es decir, en la comunión de todos los sacerdotes que pertenecen a una misma diócesis, bajo la dirección de su Obispo.
Aunque unidos, en estrecha comunión unos con otros, no son anulados como personas. Cada uno fue llamado por Dios personalmente y cada uno actúa en la persona de Cristo cuando ejerce su ministerio.
El colegio episcopal y su cabeza, el Papa
Cristo, al instituir a los doce apóstoles, formó con ellos una especie de colegio (comunidad, cuerpo, asociación) y puso al frente de ellos a Pedro. Esto se sigue cumpliendo de igual forma con el sucesor de Pedro, el papa, y los Obispos.
El Papa, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, "es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles ""El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad"
El Colegio Episcopal no tiene autoridad por sí mismo si no es en comunión con el Papa, quien tiene toda la autoridad y potestad sobre los Obispos.
Los Obispos ejercen su autoridad en su diócesis, que es la porción del pueblo de Dios que les fue confiada para que la gobiernen, asistan y hagan crecer, como pastores. Ellos son asistidos en su trabajo por los sacerdotes y diáconos, que los ayudan a llegar a todos los fieles con las gracias de Dios. Tienen como primera misión enseñar al pueblo la Palabra de Dios, hacer que a todos les llegue el mensaje de salvación. Ellos tienen toda la autoridad de Cristo, son los maestros que nos enseñan las verdades reveladas.
Jesús quiso que la verdadera fe permaneciera intacta, por lo que le regaló a su Iglesia su INFALIBILIDAD a través del MAGISTERIO. El Magisterio de la Iglesia tiene como misión defender la fe de toda desviación, hacerla más comprensible, hacer que esté al alcance de todos, profesando la verdad sin errores.
El oficio pastoral del Magisterio está dirigido, así, a velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera. Para cumplir este servicio, Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de infalibilidad (acierto, certeza, seguridad, firmeza) es decir, que no se equivoca en materia de fe y de costumbres. El ejercicio de este carisma puede revestir varias modalidades:
"El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral... La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el Cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro", sobre todo en un Concilio ecuménico. Cuando la Iglesia propone por medio de su Magisterio supremo que algo se debe aceptar "como revelado por Dios para ser creído" y como enseñanza de Cristo, "hay que aceptar sus definiciones con la obediencia de la fe". Esta infalibilidad abarca todo el depósito de la Revelación divina.
Los ministros de Dios santifican a la Iglesia a través de su oración, de su testimonio, su trabajo, y por medio del ejercicio del ministerio y los sacramentos.
LOS FIELES LAICOS
Los fieles laicos son todos los bautizados que pertenecen a la Iglesia de Cristo y que no son miembros del Orden Sagrado ni Religiosos.
Los laicos tienen como vocación propia buscar siempre el Reino de Dios, desde su realidad, haciendo de su vida un ejemplo para quienes los rodean; cumpliendo así la misión de la Iglesia de extender el REINO. Deben tener un fuerte sentido de Iglesia, sentirse Iglesia para ayudar a la Iglesia en su crecimiento. La Iglesia necesita laicos comprometidos, que se sientan parte y miembros del Cuerpo Místico de Cristo, que se jueguen por el Evangelio, que vivan de acuerdo a las enseñanzas de Cristo.
Los laicos tienen el encargo de proclamar el Evangelio, y muchas veces es solo a través de ellos que muchos tendrán la oportunidad de conocer a Jesús. En las comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria que, sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la mayoría de las veces su plena eficacia.
Los laicos, unidos Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. Todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que pueden ofrecer a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía, uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios".
Los Laicos también están llamados a ser profetas, como CRISTO, con palabras y obras. Especialmente pueden ayudar a la Iglesia en su Catequesis, transmitiendo las verdades de fe de las cuales están convencidos y aceptan como regla de vida.
Los laicos deben vivir de tal manera que sean testimonio de justicia, amor, equidad, dignidad, como verdaderos hijos de Dios.
Los fieles han de "aprender a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana. Deben esforzarse en integrarlos en buena armonía, recordando que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana. En efecto, ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios".
LA VIDA CONSAGRADA
Esta forma de vida consiste en la profesión de los consejos evangélicos de Pobreza, Castidad y Obediencia. Es un estado de vida consagrada a Dios.
El estado de vida consagrada aparece como una de las maneras de vivir una consagración "más íntima" que tiene su raíz en el bautismo y se dedica totalmente a Dios. En la vida consagrada, los fieles de Cristo se proponen, bajo la moción del Espíritu Santo, seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y, persiguiendo la perfección de la caridad en el servicio del Reino, representar y anunciar en la Iglesia la gloria del mundo futuro.
Hay diversas formas de vivir la vida consagrada, y la aprobación de estas formas de vida le compete a la Sede Apostólica.
La vida eremítica
Sin profesar siempre públicamente los tres consejos evangélicos, los ermitaños, "con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo". Los eremitas presentan a los demás ese aspecto interior del misterio de la Iglesia que es la intimidad personal con Cristo. Oculta a los ojos de los hombres, la vida del eremita es predicación silenciosa de Aquél a quien ha entregado su vida, porque El es todo para él. En este caso se trata de un llamamiento particular a encontrar en el desierto, en el combate espiritual, la gloria del Crucificado.
Las vírgenes y las viudas consagradas
Desde los tiempos apostólicos, vírgenes y viudas cristianas llamadas por el Señor para consagrarse a El enteramente con una libertad mayor de corazón, de cuerpo y de espíritu, han tomado la decisión, aprobada por la Iglesia, de vivir en estado de virginidad o de castidad perpetua "a causa del Reino de los cielos".
La vida religiosa
La vida religiosa se diferencia de las otras formas de consagración por el aspecto cultual, la profesión pública de los consejos evangélicos, la vida fraterna y por el testimonio dado de la unión de Cristo y la Iglesia.
La vida religiosa nace del misterio de la Iglesia. Es un don que la Iglesia recibe de su Señor y que ofrece como un estado de vida estable al fiel llamado por Dios a la profesión de los consejos. La vida religiosa está invitada a significar, bajo estas diversas formas, la caridad misma de Dios, en el lenguaje de nuestro tiempo.
Todos los religiosos se encuentran entre los colaboradores del obispo diocesano en su misión pastoral. La implantación y la expansión misionera de la Iglesia requieren la presencia de la vida religiosa en todas sus formas. "La historia da testimonio de los grandes méritos de las familias religiosas en la propagación de la fe y en la formación de las nuevas iglesias: desde las antiguas Instituciones monásticas, las Ordenes medievales y hasta las Congregaciones modernas".
Los institutos seculares
"Un instituto secular es un instituto de vida consagrada en el cual los fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad, y se dedican a procurar la santificación del mundo viviendo en el mundo. Son testimonio dentro del mundo como levadura, su testimonio llama a un cambio de vida, a vivir como DIOS QUIERE.
Las sociedades de vida apostólica
Junto a las diversas formas de vida consagrada se encuentran "las sociedades de vida apostólica, cuyos miembros, sin votos religiosos, buscan el fin apostólico propio de la sociedad y, llevando vida fraterna en común, según el propio modo de vida, aspiran a la perfección de la caridad por la observancia de las constituciones. Entre éstas, existen sociedades cuyos miembros abrazan los consejos evangélicos mediante un vínculo determinado por las constituciones"
Consagración y misión: anunciar el Rey que viene
La primera misión de los consagrados es vivir su consagración. Pero están llamados especialmente, por su consagración, a la extensión del Reino de Dios, por el que deben trabajar con fervor. Deben dar testimonio de una íntima unión con Cristo, testimonio que estimule a muchos a vivir intensamente la unión con el Señor.
Sea público este testimonio, como en el estado religioso, o más discreto, o incluso secreto, la venida de Cristo es siempre para todos los consagrados el origen y la meta de su vida.
RESUMEN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
* "Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan clérigos; los demás se llaman laicos". Hay, por otra parte, fieles que perteneciendo a uno de ambos grupos, por la profesión de los consejos evangélicos, se consagran a Dios y sirven así a la misión de la Iglesia (CIC, can. 207, 1, 2).
* Para anunciar su fe y para implantar su Reino, Cristo envía a sus apóstoles y a sus sucesores. El les da parte en su misión. De El reciben el poder de obrar en su nombre.
* El Señor hizo de San Pedro el fundamento visible de su Iglesia. Le dio las llaves de ella. El obispo de la Iglesia de Roma, sucesor de San Pedro, es la "cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra" (CIC, can. 331).
* El Papa "goza, por institución divina, de una potestad suprema, plena, inmediata y universal para cuidar las almas" (CD 2).
* Los obispos, instituidos por el Espíritu Santo, suceden a los apóstoles. "Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares" (LG 23).
* Los obispos, ayudados por los presbíteros, sus colaboradores, y por los diáconos, los obispos tienen la misión de enseñar auténticamente la fe, de celebrar el culto divino, sobre todo la Eucaristía, y de dirigir su Iglesia como verdaderos pastores. A su misión pertenece también el cuidado de todas las Iglesias, con y bajo el Papa.
* "Siendo propio del estado de los laicos vivir en medio del mundo y de los negocios temporales, Dios les llama a que movidos por el espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento" (AA 2).
* Los laicos participan en el sacerdocio de Cristo: cada vez más unidos a El, despliegan la gracia del Bautismo y la de la Confirmación a través de todas las dimensiones de la vida personal, familiar, social y eclesial y realizan así el llamamiento a la santidad dirigido a todos los bautizados.
* Gracias a su misión profética, los laicos, "están llamados a ser testigos de Cristo en todas las cosas, también en el interior de la sociedad humana" (GS 43, 4).
* Debido a su misión regia, los laicos tienen el poder de arrancar al pecado su dominio sobre sí mismos y sobre el mundo por medio de su abnegación y santidad de vida (cf. LG 36).
* La vida consagrada a Dios se caracteriza por la profesión pública de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia en un estado de vida estable reconocido por la Iglesia.
* Entregado a Dios supremamente amado, aquél a quien el Bautismo ya había destinado a El, se encuentra en el estado de vida consagrada, más íntimamente comprometido en el servicio divino y dedicado al bien de toda la Iglesia.
Son fieles cristianos todos aquellos que se han incorporado al Cuerpo Místico de Cristo por el Bautismo, y que unidos a Él participan de la vida de la Iglesia cumpliendo todo lo que Jesús les mandó como misión.
Todos los miembros de la Iglesia son iguales en dignidad y todos cooperan a la edificación de la misma.
LA CONSTITUCION JERARQUICA DE LA IGLESIA
Cristo, el Señor, instituyó en su Iglesia diversos ministerios con el fin de que, ordenadamente, la Iglesia pueda caminar, Evangelizar y crecer en santidad.
Nadie puede anunciarse el Evangelio a sí mismo, tampoco puede enviarse a predicar a sí mismo, nadie puede darse la Gracia por sí mismo. Para eso se necesitan ministros autorizados y habilitados por Dios. Es entonces por esto que Cristo instituye a sus ministros, los Obispos y los Sacerdotes, para que actúen en su persona. Ellos reciben del Señor la misión y la facultad de actuar in persona Christi Capitis, es decir, como el mismo Cristo, en la persona de Cristo que es la Cabeza de la Iglesia. Los Diáconos reciben las fuerzas para servir al pueblo de Dios en la liturgia, en la Palabra y en la caridad. Este ministerio confiado por Cristo lo reciben por medio de un Sacramento específico. Estos ministros son los “esclavos” de Jesús, su ministerio y su autoridad les es dada a favor de los demás, a favor de la Iglesia y no para ellos mismos.
Jesús eligió a doce, los eligió juntos, y juntos los mandó a predicar y esta unidad fraterna estará para siempre al servicio de todos los fieles y como testimonio de fraternidad y unidad. Hoy, nuestros Obispos están unidos y a esa unidad se le llama COLEGIO EPISCOPAL, donde todos ellos ejercen su ministerio en comunión unos con otros y en comunión con el Obispo de Roma, que es el sucesor de San Pedro. Los sacerdotes ejercen su ministerio en el seno del presbiterio de la diócesis, es decir, en la comunión de todos los sacerdotes que pertenecen a una misma diócesis, bajo la dirección de su Obispo.
Aunque unidos, en estrecha comunión unos con otros, no son anulados como personas. Cada uno fue llamado por Dios personalmente y cada uno actúa en la persona de Cristo cuando ejerce su ministerio.
El colegio episcopal y su cabeza, el Papa
Cristo, al instituir a los doce apóstoles, formó con ellos una especie de colegio (comunidad, cuerpo, asociación) y puso al frente de ellos a Pedro. Esto se sigue cumpliendo de igual forma con el sucesor de Pedro, el papa, y los Obispos.
El Papa, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, "es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles ""El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad"
El Colegio Episcopal no tiene autoridad por sí mismo si no es en comunión con el Papa, quien tiene toda la autoridad y potestad sobre los Obispos.
Los Obispos ejercen su autoridad en su diócesis, que es la porción del pueblo de Dios que les fue confiada para que la gobiernen, asistan y hagan crecer, como pastores. Ellos son asistidos en su trabajo por los sacerdotes y diáconos, que los ayudan a llegar a todos los fieles con las gracias de Dios. Tienen como primera misión enseñar al pueblo la Palabra de Dios, hacer que a todos les llegue el mensaje de salvación. Ellos tienen toda la autoridad de Cristo, son los maestros que nos enseñan las verdades reveladas.
Jesús quiso que la verdadera fe permaneciera intacta, por lo que le regaló a su Iglesia su INFALIBILIDAD a través del MAGISTERIO. El Magisterio de la Iglesia tiene como misión defender la fe de toda desviación, hacerla más comprensible, hacer que esté al alcance de todos, profesando la verdad sin errores.
El oficio pastoral del Magisterio está dirigido, así, a velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera. Para cumplir este servicio, Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de infalibilidad (acierto, certeza, seguridad, firmeza) es decir, que no se equivoca en materia de fe y de costumbres. El ejercicio de este carisma puede revestir varias modalidades:
"El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral... La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el Cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro", sobre todo en un Concilio ecuménico. Cuando la Iglesia propone por medio de su Magisterio supremo que algo se debe aceptar "como revelado por Dios para ser creído" y como enseñanza de Cristo, "hay que aceptar sus definiciones con la obediencia de la fe". Esta infalibilidad abarca todo el depósito de la Revelación divina.
Los ministros de Dios santifican a la Iglesia a través de su oración, de su testimonio, su trabajo, y por medio del ejercicio del ministerio y los sacramentos.
LOS FIELES LAICOS
Los fieles laicos son todos los bautizados que pertenecen a la Iglesia de Cristo y que no son miembros del Orden Sagrado ni Religiosos.
Los laicos tienen como vocación propia buscar siempre el Reino de Dios, desde su realidad, haciendo de su vida un ejemplo para quienes los rodean; cumpliendo así la misión de la Iglesia de extender el REINO. Deben tener un fuerte sentido de Iglesia, sentirse Iglesia para ayudar a la Iglesia en su crecimiento. La Iglesia necesita laicos comprometidos, que se sientan parte y miembros del Cuerpo Místico de Cristo, que se jueguen por el Evangelio, que vivan de acuerdo a las enseñanzas de Cristo.
Los laicos tienen el encargo de proclamar el Evangelio, y muchas veces es solo a través de ellos que muchos tendrán la oportunidad de conocer a Jesús. En las comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria que, sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la mayoría de las veces su plena eficacia.
Los laicos, unidos Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. Todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que pueden ofrecer a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía, uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios".
Los Laicos también están llamados a ser profetas, como CRISTO, con palabras y obras. Especialmente pueden ayudar a la Iglesia en su Catequesis, transmitiendo las verdades de fe de las cuales están convencidos y aceptan como regla de vida.
Los laicos deben vivir de tal manera que sean testimonio de justicia, amor, equidad, dignidad, como verdaderos hijos de Dios.
Los fieles han de "aprender a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana. Deben esforzarse en integrarlos en buena armonía, recordando que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana. En efecto, ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios".
LA VIDA CONSAGRADA
Esta forma de vida consiste en la profesión de los consejos evangélicos de Pobreza, Castidad y Obediencia. Es un estado de vida consagrada a Dios.
El estado de vida consagrada aparece como una de las maneras de vivir una consagración "más íntima" que tiene su raíz en el bautismo y se dedica totalmente a Dios. En la vida consagrada, los fieles de Cristo se proponen, bajo la moción del Espíritu Santo, seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y, persiguiendo la perfección de la caridad en el servicio del Reino, representar y anunciar en la Iglesia la gloria del mundo futuro.
Hay diversas formas de vivir la vida consagrada, y la aprobación de estas formas de vida le compete a la Sede Apostólica.
La vida eremítica
Sin profesar siempre públicamente los tres consejos evangélicos, los ermitaños, "con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo". Los eremitas presentan a los demás ese aspecto interior del misterio de la Iglesia que es la intimidad personal con Cristo. Oculta a los ojos de los hombres, la vida del eremita es predicación silenciosa de Aquél a quien ha entregado su vida, porque El es todo para él. En este caso se trata de un llamamiento particular a encontrar en el desierto, en el combate espiritual, la gloria del Crucificado.
Las vírgenes y las viudas consagradas
Desde los tiempos apostólicos, vírgenes y viudas cristianas llamadas por el Señor para consagrarse a El enteramente con una libertad mayor de corazón, de cuerpo y de espíritu, han tomado la decisión, aprobada por la Iglesia, de vivir en estado de virginidad o de castidad perpetua "a causa del Reino de los cielos".
La vida religiosa
La vida religiosa se diferencia de las otras formas de consagración por el aspecto cultual, la profesión pública de los consejos evangélicos, la vida fraterna y por el testimonio dado de la unión de Cristo y la Iglesia.
La vida religiosa nace del misterio de la Iglesia. Es un don que la Iglesia recibe de su Señor y que ofrece como un estado de vida estable al fiel llamado por Dios a la profesión de los consejos. La vida religiosa está invitada a significar, bajo estas diversas formas, la caridad misma de Dios, en el lenguaje de nuestro tiempo.
Todos los religiosos se encuentran entre los colaboradores del obispo diocesano en su misión pastoral. La implantación y la expansión misionera de la Iglesia requieren la presencia de la vida religiosa en todas sus formas. "La historia da testimonio de los grandes méritos de las familias religiosas en la propagación de la fe y en la formación de las nuevas iglesias: desde las antiguas Instituciones monásticas, las Ordenes medievales y hasta las Congregaciones modernas".
Los institutos seculares
"Un instituto secular es un instituto de vida consagrada en el cual los fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad, y se dedican a procurar la santificación del mundo viviendo en el mundo. Son testimonio dentro del mundo como levadura, su testimonio llama a un cambio de vida, a vivir como DIOS QUIERE.
Las sociedades de vida apostólica
Junto a las diversas formas de vida consagrada se encuentran "las sociedades de vida apostólica, cuyos miembros, sin votos religiosos, buscan el fin apostólico propio de la sociedad y, llevando vida fraterna en común, según el propio modo de vida, aspiran a la perfección de la caridad por la observancia de las constituciones. Entre éstas, existen sociedades cuyos miembros abrazan los consejos evangélicos mediante un vínculo determinado por las constituciones"
Consagración y misión: anunciar el Rey que viene
La primera misión de los consagrados es vivir su consagración. Pero están llamados especialmente, por su consagración, a la extensión del Reino de Dios, por el que deben trabajar con fervor. Deben dar testimonio de una íntima unión con Cristo, testimonio que estimule a muchos a vivir intensamente la unión con el Señor.
Sea público este testimonio, como en el estado religioso, o más discreto, o incluso secreto, la venida de Cristo es siempre para todos los consagrados el origen y la meta de su vida.
RESUMEN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
* "Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan clérigos; los demás se llaman laicos". Hay, por otra parte, fieles que perteneciendo a uno de ambos grupos, por la profesión de los consejos evangélicos, se consagran a Dios y sirven así a la misión de la Iglesia (CIC, can. 207, 1, 2).
* Para anunciar su fe y para implantar su Reino, Cristo envía a sus apóstoles y a sus sucesores. El les da parte en su misión. De El reciben el poder de obrar en su nombre.
* El Señor hizo de San Pedro el fundamento visible de su Iglesia. Le dio las llaves de ella. El obispo de la Iglesia de Roma, sucesor de San Pedro, es la "cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra" (CIC, can. 331).
* El Papa "goza, por institución divina, de una potestad suprema, plena, inmediata y universal para cuidar las almas" (CD 2).
* Los obispos, instituidos por el Espíritu Santo, suceden a los apóstoles. "Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares" (LG 23).
* Los obispos, ayudados por los presbíteros, sus colaboradores, y por los diáconos, los obispos tienen la misión de enseñar auténticamente la fe, de celebrar el culto divino, sobre todo la Eucaristía, y de dirigir su Iglesia como verdaderos pastores. A su misión pertenece también el cuidado de todas las Iglesias, con y bajo el Papa.
* "Siendo propio del estado de los laicos vivir en medio del mundo y de los negocios temporales, Dios les llama a que movidos por el espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento" (AA 2).
* Los laicos participan en el sacerdocio de Cristo: cada vez más unidos a El, despliegan la gracia del Bautismo y la de la Confirmación a través de todas las dimensiones de la vida personal, familiar, social y eclesial y realizan así el llamamiento a la santidad dirigido a todos los bautizados.
* Gracias a su misión profética, los laicos, "están llamados a ser testigos de Cristo en todas las cosas, también en el interior de la sociedad humana" (GS 43, 4).
* Debido a su misión regia, los laicos tienen el poder de arrancar al pecado su dominio sobre sí mismos y sobre el mundo por medio de su abnegación y santidad de vida (cf. LG 36).
* La vida consagrada a Dios se caracteriza por la profesión pública de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia en un estado de vida estable reconocido por la Iglesia.
* Entregado a Dios supremamente amado, aquél a quien el Bautismo ya había destinado a El, se encuentra en el estado de vida consagrada, más íntimamente comprometido en el servicio divino y dedicado al bien de toda la Iglesia.
La Iglesia: UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA
LA IGLESIA ES UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA
Esta es la única Iglesia de Cristo, la cual recibe de Él por el Espíritu Santo los cuatro atributos esenciales y auténticos con la cual se denomina: UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Estos atributos o cualidades demuestran la realidad de la Iglesia y su misión. Estas cualidades pueden ser aceptadas y vividas como de origen divino solo a los ojos de la Fe.
LA IGLESIA ES UNA
La Iglesia es UNA debido a su origen y principio, a su gran modelo que es el seno de la Santísima Trinidad, donde hay una sola unidad: DIOS y Tres Personas Divinas, distintas entre sí. También es UNA debido a su fundador: JESUCRISTO, que por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios reuniéndolos en un solo pueblo y en un solo Cuerpo. La Iglesia es una debido a su Alma, que es el Espíritu Santo que habita en los creyentes y dirige a la Iglesia, haciendo que reine en ella una admirable comunión.
Desde el principio esta Iglesia, que es UNA, se presenta con una gran diversidad de dones, de personas, de culturas, de cargos, condiciones, modos de vida. Sin embargo esto no atenta contra la unidad a la que se refiere su nombre, sino que la enriquece. La Iglesia permanece unida y es UNA por los vínculos de unidad que posee, ellos son:
* la profesión de una misma fe recibida de los apóstoles;
* a celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos;
* la sucesión apostólica por el sacramento del orden, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios
Esta Iglesia es la que fundó Cristo y se la encomendó a Pedro, como cabeza, y a sus apóstoles. Ahora tenemos esas mismas autoridades que nos ayudan a vivir la unidad, con el Santo Padre a la cabeza del pueblo de Dios y los Obispos, Sacerdotes y Diáconos que colaboran con Él.
Aunque esta Iglesia es una y lucha por mantenerse firme, ha sufrido heridas en su unidad por parte de sus miembros que se han alejado. Las heridas de la unidad siempre se dan por el pecado del hombre.
"Donde hay pecados, allí hay desunión, cismas, herejías, discusiones. Pero donde hay virtud, allí hay unión, de donde resultaba que todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma" (Orígenes)
Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas "y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos... justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor"
Esta Unidad de la Iglesia fue dada por Cristo, pero la Iglesia debe orar y trabajar para no perder este gran don. Jesús mismo oró al Padre por aquellos que pertenecerían a su Iglesia, para que sean uno para que el mundo crea. Debemos trabajar ardientemente para volver a la unidad de los cristianos y ofrecer nuestra oración y sacrificio para que todos seamos uno, un solo cuerpo, una sola alma y un solo corazón, como cuando Cristo fundó a su Iglesia.
Para poder responder al llamado de Dios a la unidad debemos tener presente algunas condiciones que no nos pueden faltar:
* una renovación permanente de la Iglesia en una fidelidad mayor a su vocación. Esta renovación es el alma del movimiento hacia la unidad.
* La conversión del corazón para "llevar una vida más pura, según el Evangelio", porque la infidelidad de los miembros al don de Cristo es la causa de las divisiones;
* La oración en común, porque "esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y pueden llamarse con razón ecumenismo espiritual"
* El fraterno conocimiento recíproco
* La formación ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes
* El diálogo entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos de diferentes Iglesias y comunidades
* La colaboración entre cristianos en los diferentes campos de servicio a los hombres (cf UR 12).
"La preocupación por el restablecimiento de la unión atañe a la Iglesia entera, tanto a los fieles como a los pastores" Pero hay que ser "conocedor de que este santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana". Por eso hay que poner toda la esperanza "en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros, y en el poder del Espíritu Santo"
LA IGLESIA ES SANTA
La Iglesia no puede dejar de ser santa, ya que Jesucristo se ofreció en la cruz para santificarla, para formar un pueblo santo. La Iglesia es santificada por Cristo, por estar unida a Él y de Él recibe toda santidad.
La Iglesia es SANTA y santificadora, porque todo lo que ella hace es para la gloria de Dios y para la santificación de los hombres. Él la Iglesia se encuentran todos los medios de santificación por la Gracia de Dios. La Iglesia es Santa por Cristo pero a la vez pecadora, necesitada de purificación, por ser compuesta por hombres. Todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores En todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del Evangelio hasta el fin de los tiempos. La Iglesia, pues, congrega a pecadores alcanzados ya por la salvación de Cristo, pero aún en vías de santificación.
LA IGLESIA ES CATOLICA
Católica quiere decir universal. La Iglesia es CATÓLICA porque Cristo está presente en ella y es CATÓLICA porque ha sido enviada por Cristo a proclamar la Buena Noticia a todo el género humano.
Todos los hombres están llamados a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, es un llamado universal, en el cual nadie queda afuera. Somos llamados a vivir y ser parte del nuevo pueblo de Dios inaugurado por Cristo y santificado por Él.
Quién pertenece a la Iglesia católica
Están plenamente incorporados a la Iglesia Católica todos aquellos que, llenos del Espíritu Santo, aceptan totalmente la constitución de la Iglesia y todo lo que ella propone como verdad de fe y que aceptan al Santo Padre como el instrumento puesto por Cristo para gobernar a la Iglesia y por supuesto a los Obispos; y toda la vida eclesial.
También la Iglesia se siente unida a todos aquellos que llevan el nombre de cristianos y que se han unido a Cristo por el Bautismo, aunque no profesen la misma fe. Es una unidad imperfecta.
La Iglesia reconoce en las otras religiones la búsqueda "todavía en sombras y bajo imágenes", del Dios desconocido pero próximo ya que es Él quien da a todos vida, el aliento y todas las cosas y quiere que todos los hombres se salven. Así, la Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero, que puede encontrarse en las diversas religiones, "como una preparación al Evangelio y como un don de aquel que ilumina a todos los hombres, para que al fin tengan la vida"
La Iglesia es el lugar donde todos los hombres deben encontrar su unidad y la salvación.
Unidos a Cristo mediante la vida de Iglesia alcanzaremos la salvación. Es allí donde, quienes hemos recibido el mensaje de Cristo, encontraremos los medios para alcanzar las promesas hechas a su Iglesia. Sin la Iglesia no hay salvación es una frase que encierra la verdad para aquellos que, conociendo la revelación de Dios se niegan a participar de la vida eclesial o reniegan de ella. Pero para aquellos que no conocen a Cristo, que todavía no han recibido esa invitación del Señor, pero que lo buscan y se esmeran por vivir según la ley que está escrita en sus corazones, conseguirán la vida eterna.
Pero la Iglesia tiene la misión de evangelizar y acercar a aquellos que no conocen a Jesús, para que todos estemos reunidos en el nuevo pueblo de Dios.
La Iglesia, por ser CATÓLICA, tiene una exigencia que es la Misión. La misión de llevar la Buena Noticia a toda la tierra, a todos los hombres, haciendo discípulos de Cristo a quienes la reciban, dándoles los medios de salvación y santificación de los cuales es depositaria. Dios quiere que todos los hombres se salven, y como Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia se debe esforzar para que la salvación de Dios llegue a todos. Este es el motivo de la misión. La Iglesia misiona con el sacrificio, con la oración, la obediencia, llevando a todos la semilla del Reino de los cielos. Y para que esta misión de frutos, la Iglesia necesita continuamente convertirse, aquellos que son enviados a proclamar la verdad de Jesucristo, deben hacerlo con palabras y obras, dando testimonio convincente de que Dios habita en la Iglesia.
LA IGLESIA ES APOSTÓLICA
La Iglesia es APOSTÓLICA porque está cimentada sobre los apóstoles.
* Fue y permanece edificada sobre "el fundamento de los apóstoles”, testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo.
* Guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los apóstoles.
* Sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles hasta la vuelta de Cristo gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral: el colegio de los obispos, "a los que asisten los presbíteros juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia"
Jesús, en su vida pública, eligió a sus apóstoles para compartir con ellos su misión, los envió en su nombre para predicar el Evangelio, para hacer que muchos se conviertan y se bauticen. Jesús une a sus apóstoles a la misión que su Padre le encomendó a Él, comparte con ellos esta misión, son sus ministros, sus enviados, sus administradores, embajadores de Cristo. Esta misión de transmitir el Evangelio se las encomendó el Señor hasta el fin de los tiempo, es por eso que la Iglesia sigue predicando el Reino de los cielos y los apóstoles han constituido sucesores, para que esta misión no se termine con ellos sino que siga hasta que Jesús vuelva glorioso.
Los sucesores de los apóstoles son los Obispos. "por institución divina los obispos han sucedido a los apóstoles como pastores de la Iglesia. El que los escucha, escucha a Cristo; el que, en cambio, los desprecia, desprecia a Cristo y al que lo envió".
Toda la Iglesia es apostólica, siempre y cuando permanezca unida al sucesor de Pedro y a sus Obispos. Todos los miembros del Cuerpo de Cristo están llamados a evangelizar, a propagar el Evangelio. Esta propagación hecha por lo miembros de la Iglesia se llama APOSTOLADO. El apostolado es toda actividad que se hace para extender el Reino de los cielos. La fecundidad de todo apostolado está dada por la unión con Cristo, fuente y origen del apostolado.
La Iglesia es una, santa, católica y apostólica en su identidad profunda y última, porque en ella existe ya y será consumado al fin de los tiempos "el Reino de los cielos", "el Reino de Dios" (cf Ap 19, 6), que ha venido en la persona de Cristo y que crece misteriosamente en el corazón de los que le son incorporados hasta su plena manifestación al final de los tiempos.
RESUMEN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
* La Iglesia es una: tiene un solo Señor; confiesa una sola fe, nace de un solo Bautismo, no forma más que un solo Cuerpo, vivificado por un solo Espíritu, orientado a una única esperanza (cf Ef 4, 3-5) a cuyo término se superarán todas las divisiones.
* La Iglesia es santa: Dios santísimo es su autor; Cristo, su Esposo, se entregó por ella para santificarla; el Espíritu de santidad la vivifica. Aunque comprenda pecadores, ella es "ex maculatis immaculata" ("inmaculada aunque compuesta de pecadores"). En los santos brilla su santidad; en María es ya la enteramente santa.
* La Iglesia es católica: Anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada a todos los pueblos; se dirige a todos los hombres; abarca todos los tiempos; "es, por su propia naturaleza, misionera" (AG 2).
* La Iglesia es apostólica: Está edificada sobre sólidos cimientos: "los doce apóstoles del Cordero" (Ap 21, 14); es indestructible (cf Mt 16, 18); se mantiene infaliblemente en la verdad: Cristo la gobierna por medio de Pedro y los demás apóstoles, presentes en sus sucesores, el Papa y el colegio de los obispos.
* "La única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica... subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él. Sin duda, fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad " (LG 8).
Esta es la única Iglesia de Cristo, la cual recibe de Él por el Espíritu Santo los cuatro atributos esenciales y auténticos con la cual se denomina: UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Estos atributos o cualidades demuestran la realidad de la Iglesia y su misión. Estas cualidades pueden ser aceptadas y vividas como de origen divino solo a los ojos de la Fe.
LA IGLESIA ES UNA
La Iglesia es UNA debido a su origen y principio, a su gran modelo que es el seno de la Santísima Trinidad, donde hay una sola unidad: DIOS y Tres Personas Divinas, distintas entre sí. También es UNA debido a su fundador: JESUCRISTO, que por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios reuniéndolos en un solo pueblo y en un solo Cuerpo. La Iglesia es una debido a su Alma, que es el Espíritu Santo que habita en los creyentes y dirige a la Iglesia, haciendo que reine en ella una admirable comunión.
Desde el principio esta Iglesia, que es UNA, se presenta con una gran diversidad de dones, de personas, de culturas, de cargos, condiciones, modos de vida. Sin embargo esto no atenta contra la unidad a la que se refiere su nombre, sino que la enriquece. La Iglesia permanece unida y es UNA por los vínculos de unidad que posee, ellos son:
* la profesión de una misma fe recibida de los apóstoles;
* a celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos;
* la sucesión apostólica por el sacramento del orden, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios
Esta Iglesia es la que fundó Cristo y se la encomendó a Pedro, como cabeza, y a sus apóstoles. Ahora tenemos esas mismas autoridades que nos ayudan a vivir la unidad, con el Santo Padre a la cabeza del pueblo de Dios y los Obispos, Sacerdotes y Diáconos que colaboran con Él.
Aunque esta Iglesia es una y lucha por mantenerse firme, ha sufrido heridas en su unidad por parte de sus miembros que se han alejado. Las heridas de la unidad siempre se dan por el pecado del hombre.
"Donde hay pecados, allí hay desunión, cismas, herejías, discusiones. Pero donde hay virtud, allí hay unión, de donde resultaba que todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma" (Orígenes)
Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas "y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos... justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor"
Esta Unidad de la Iglesia fue dada por Cristo, pero la Iglesia debe orar y trabajar para no perder este gran don. Jesús mismo oró al Padre por aquellos que pertenecerían a su Iglesia, para que sean uno para que el mundo crea. Debemos trabajar ardientemente para volver a la unidad de los cristianos y ofrecer nuestra oración y sacrificio para que todos seamos uno, un solo cuerpo, una sola alma y un solo corazón, como cuando Cristo fundó a su Iglesia.
Para poder responder al llamado de Dios a la unidad debemos tener presente algunas condiciones que no nos pueden faltar:
* una renovación permanente de la Iglesia en una fidelidad mayor a su vocación. Esta renovación es el alma del movimiento hacia la unidad.
* La conversión del corazón para "llevar una vida más pura, según el Evangelio", porque la infidelidad de los miembros al don de Cristo es la causa de las divisiones;
* La oración en común, porque "esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y pueden llamarse con razón ecumenismo espiritual"
* El fraterno conocimiento recíproco
* La formación ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes
* El diálogo entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos de diferentes Iglesias y comunidades
* La colaboración entre cristianos en los diferentes campos de servicio a los hombres (cf UR 12).
"La preocupación por el restablecimiento de la unión atañe a la Iglesia entera, tanto a los fieles como a los pastores" Pero hay que ser "conocedor de que este santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana". Por eso hay que poner toda la esperanza "en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros, y en el poder del Espíritu Santo"
LA IGLESIA ES SANTA
La Iglesia no puede dejar de ser santa, ya que Jesucristo se ofreció en la cruz para santificarla, para formar un pueblo santo. La Iglesia es santificada por Cristo, por estar unida a Él y de Él recibe toda santidad.
La Iglesia es SANTA y santificadora, porque todo lo que ella hace es para la gloria de Dios y para la santificación de los hombres. Él la Iglesia se encuentran todos los medios de santificación por la Gracia de Dios. La Iglesia es Santa por Cristo pero a la vez pecadora, necesitada de purificación, por ser compuesta por hombres. Todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores En todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del Evangelio hasta el fin de los tiempos. La Iglesia, pues, congrega a pecadores alcanzados ya por la salvación de Cristo, pero aún en vías de santificación.
LA IGLESIA ES CATOLICA
Católica quiere decir universal. La Iglesia es CATÓLICA porque Cristo está presente en ella y es CATÓLICA porque ha sido enviada por Cristo a proclamar la Buena Noticia a todo el género humano.
Todos los hombres están llamados a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, es un llamado universal, en el cual nadie queda afuera. Somos llamados a vivir y ser parte del nuevo pueblo de Dios inaugurado por Cristo y santificado por Él.
Quién pertenece a la Iglesia católica
Están plenamente incorporados a la Iglesia Católica todos aquellos que, llenos del Espíritu Santo, aceptan totalmente la constitución de la Iglesia y todo lo que ella propone como verdad de fe y que aceptan al Santo Padre como el instrumento puesto por Cristo para gobernar a la Iglesia y por supuesto a los Obispos; y toda la vida eclesial.
También la Iglesia se siente unida a todos aquellos que llevan el nombre de cristianos y que se han unido a Cristo por el Bautismo, aunque no profesen la misma fe. Es una unidad imperfecta.
La Iglesia reconoce en las otras religiones la búsqueda "todavía en sombras y bajo imágenes", del Dios desconocido pero próximo ya que es Él quien da a todos vida, el aliento y todas las cosas y quiere que todos los hombres se salven. Así, la Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero, que puede encontrarse en las diversas religiones, "como una preparación al Evangelio y como un don de aquel que ilumina a todos los hombres, para que al fin tengan la vida"
La Iglesia es el lugar donde todos los hombres deben encontrar su unidad y la salvación.
Unidos a Cristo mediante la vida de Iglesia alcanzaremos la salvación. Es allí donde, quienes hemos recibido el mensaje de Cristo, encontraremos los medios para alcanzar las promesas hechas a su Iglesia. Sin la Iglesia no hay salvación es una frase que encierra la verdad para aquellos que, conociendo la revelación de Dios se niegan a participar de la vida eclesial o reniegan de ella. Pero para aquellos que no conocen a Cristo, que todavía no han recibido esa invitación del Señor, pero que lo buscan y se esmeran por vivir según la ley que está escrita en sus corazones, conseguirán la vida eterna.
Pero la Iglesia tiene la misión de evangelizar y acercar a aquellos que no conocen a Jesús, para que todos estemos reunidos en el nuevo pueblo de Dios.
La Iglesia, por ser CATÓLICA, tiene una exigencia que es la Misión. La misión de llevar la Buena Noticia a toda la tierra, a todos los hombres, haciendo discípulos de Cristo a quienes la reciban, dándoles los medios de salvación y santificación de los cuales es depositaria. Dios quiere que todos los hombres se salven, y como Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia se debe esforzar para que la salvación de Dios llegue a todos. Este es el motivo de la misión. La Iglesia misiona con el sacrificio, con la oración, la obediencia, llevando a todos la semilla del Reino de los cielos. Y para que esta misión de frutos, la Iglesia necesita continuamente convertirse, aquellos que son enviados a proclamar la verdad de Jesucristo, deben hacerlo con palabras y obras, dando testimonio convincente de que Dios habita en la Iglesia.
LA IGLESIA ES APOSTÓLICA
La Iglesia es APOSTÓLICA porque está cimentada sobre los apóstoles.
* Fue y permanece edificada sobre "el fundamento de los apóstoles”, testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo.
* Guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los apóstoles.
* Sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles hasta la vuelta de Cristo gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral: el colegio de los obispos, "a los que asisten los presbíteros juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia"
Jesús, en su vida pública, eligió a sus apóstoles para compartir con ellos su misión, los envió en su nombre para predicar el Evangelio, para hacer que muchos se conviertan y se bauticen. Jesús une a sus apóstoles a la misión que su Padre le encomendó a Él, comparte con ellos esta misión, son sus ministros, sus enviados, sus administradores, embajadores de Cristo. Esta misión de transmitir el Evangelio se las encomendó el Señor hasta el fin de los tiempo, es por eso que la Iglesia sigue predicando el Reino de los cielos y los apóstoles han constituido sucesores, para que esta misión no se termine con ellos sino que siga hasta que Jesús vuelva glorioso.
Los sucesores de los apóstoles son los Obispos. "por institución divina los obispos han sucedido a los apóstoles como pastores de la Iglesia. El que los escucha, escucha a Cristo; el que, en cambio, los desprecia, desprecia a Cristo y al que lo envió".
Toda la Iglesia es apostólica, siempre y cuando permanezca unida al sucesor de Pedro y a sus Obispos. Todos los miembros del Cuerpo de Cristo están llamados a evangelizar, a propagar el Evangelio. Esta propagación hecha por lo miembros de la Iglesia se llama APOSTOLADO. El apostolado es toda actividad que se hace para extender el Reino de los cielos. La fecundidad de todo apostolado está dada por la unión con Cristo, fuente y origen del apostolado.
La Iglesia es una, santa, católica y apostólica en su identidad profunda y última, porque en ella existe ya y será consumado al fin de los tiempos "el Reino de los cielos", "el Reino de Dios" (cf Ap 19, 6), que ha venido en la persona de Cristo y que crece misteriosamente en el corazón de los que le son incorporados hasta su plena manifestación al final de los tiempos.
RESUMEN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
* La Iglesia es una: tiene un solo Señor; confiesa una sola fe, nace de un solo Bautismo, no forma más que un solo Cuerpo, vivificado por un solo Espíritu, orientado a una única esperanza (cf Ef 4, 3-5) a cuyo término se superarán todas las divisiones.
* La Iglesia es santa: Dios santísimo es su autor; Cristo, su Esposo, se entregó por ella para santificarla; el Espíritu de santidad la vivifica. Aunque comprenda pecadores, ella es "ex maculatis immaculata" ("inmaculada aunque compuesta de pecadores"). En los santos brilla su santidad; en María es ya la enteramente santa.
* La Iglesia es católica: Anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada a todos los pueblos; se dirige a todos los hombres; abarca todos los tiempos; "es, por su propia naturaleza, misionera" (AG 2).
* La Iglesia es apostólica: Está edificada sobre sólidos cimientos: "los doce apóstoles del Cordero" (Ap 21, 14); es indestructible (cf Mt 16, 18); se mantiene infaliblemente en la verdad: Cristo la gobierna por medio de Pedro y los demás apóstoles, presentes en sus sucesores, el Papa y el colegio de los obispos.
* "La única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica... subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él. Sin duda, fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad " (LG 8).
Sobre el Segundo Artículo del CREDO
1.- ¿Cuál es el segundo artículo del Credo? Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor.
2- ¿Qué significa «Jesús»? Jesús significa «Dios salva» (452).
3.- ¿Qué significa el nombre de Cristo? Significa «Mesías», que quiere decir «Ungido» por el Espíritu Santo (453).
4.- ¿Qué significa Hijo de Dios? Significa la relación única y eterna de Jesucristo con Dios, su Padre (454).
5.- ¿Qué significa nuestro Señor? Significa la soberanía de Jesús sobre el mundo y sobre la historia (450).
6.- ¿Qué nos pide nuestra fe en Jesucristo? Nos pide creer en el hijo de Dios e invocarlo como Señor (444, 449).
7.- ¿Cuál es el tercer artículo del Credo? Jesucristo fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de santa María virgen.
8.- ¿Qué quiere decir que el Hijo de Dios se hizo hombre? Quiere decir que sin perder la naturaleza divina asumió la naturaleza humana (464).
9.- ¿Por qué el hijo de Dios se hizo hombre? Se hizo hombre para salvarnos y reconciliarnos con Dios (457).
10.- ¿Se confunden las dos naturalezas, divina y humana en Jesucristo? No, no se confunden sino que están unidas en la única Persona del Hijo de Dios (481).
11.- ¿Por qué Jesucristo es el Único Mediador entre Dios y los hombres? Es el Único Mediador porque es verdadero Dios y verdadero hombre (480).
12.- ¿Cómo es hombre Jesucristo? Es hombre en su cuerpo y en su alma, pero unido a la persona divina del hijo de Dios. (482).
13.- ¿Qué es la Encarnación? Es el misterio de unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona del Hijo de Dios (483).
14.- ¿Quién fue elegida por Dios para colaborar con Él en este misterio? Fue elegida la Virgen María (484).
15.- ¿Cómo preparó Dios a María para esta vocación? La preparó preservándola del pecado original y llenándola de toda gracia y bendición (490,493).
16.- ¿María es verdaderamente Madre de Dios? Sí, porque su Hijo es el mismo Hijo de Dios (509).
17.- ¿María, la Madre de Dios, fue también virgen? Sí, la Iglesia cree que fue siempre virgen (499).
18.- ¿Cómo colaboró la Virgen María en la obra de la salvación? Colaboró con su fe y obediencia libres (511).
19.- Entonces, ¿qué significa la frase que aparece en los evangelios: «los hermanos de Jesús»? Según el uso de la época, significa los parientes próximos de Jesús (500).
2- ¿Qué significa «Jesús»? Jesús significa «Dios salva» (452).
3.- ¿Qué significa el nombre de Cristo? Significa «Mesías», que quiere decir «Ungido» por el Espíritu Santo (453).
4.- ¿Qué significa Hijo de Dios? Significa la relación única y eterna de Jesucristo con Dios, su Padre (454).
5.- ¿Qué significa nuestro Señor? Significa la soberanía de Jesús sobre el mundo y sobre la historia (450).
6.- ¿Qué nos pide nuestra fe en Jesucristo? Nos pide creer en el hijo de Dios e invocarlo como Señor (444, 449).
7.- ¿Cuál es el tercer artículo del Credo? Jesucristo fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de santa María virgen.
8.- ¿Qué quiere decir que el Hijo de Dios se hizo hombre? Quiere decir que sin perder la naturaleza divina asumió la naturaleza humana (464).
9.- ¿Por qué el hijo de Dios se hizo hombre? Se hizo hombre para salvarnos y reconciliarnos con Dios (457).
10.- ¿Se confunden las dos naturalezas, divina y humana en Jesucristo? No, no se confunden sino que están unidas en la única Persona del Hijo de Dios (481).
11.- ¿Por qué Jesucristo es el Único Mediador entre Dios y los hombres? Es el Único Mediador porque es verdadero Dios y verdadero hombre (480).
12.- ¿Cómo es hombre Jesucristo? Es hombre en su cuerpo y en su alma, pero unido a la persona divina del hijo de Dios. (482).
13.- ¿Qué es la Encarnación? Es el misterio de unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona del Hijo de Dios (483).
14.- ¿Quién fue elegida por Dios para colaborar con Él en este misterio? Fue elegida la Virgen María (484).
15.- ¿Cómo preparó Dios a María para esta vocación? La preparó preservándola del pecado original y llenándola de toda gracia y bendición (490,493).
16.- ¿María es verdaderamente Madre de Dios? Sí, porque su Hijo es el mismo Hijo de Dios (509).
17.- ¿María, la Madre de Dios, fue también virgen? Sí, la Iglesia cree que fue siempre virgen (499).
18.- ¿Cómo colaboró la Virgen María en la obra de la salvación? Colaboró con su fe y obediencia libres (511).
19.- Entonces, ¿qué significa la frase que aparece en los evangelios: «los hermanos de Jesús»? Según el uso de la época, significa los parientes próximos de Jesús (500).
Jescristo: Concebido por Obra y Gracia del Espíritu Santo
"JESUCRISTO FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPIRITU SANTO Y NACIO DE SANTA MARIA VIRGEN"
El Verbo de Dios, su Hijo Único se encarnó, es decir, se hizo hombre y habitó entre nosotros. Él tomo nuestra naturaleza humana para salvarnos, para darnos vida, para cumplir las promesas del PADRE. Nuestra naturaleza humana necesitaba ser restaurada, necesitaba volver a la amistad con Dios, pero ningún hombre podía hacerlo por sí mismo, por eso Dios envió a su Hijo para que por Él todos recibamos la salvación. La Encarnación del Hijo de Dios es una manifestación de su amor, por medio de Jesús podemos ver claramente cuánto nos ama Dios y experimentar su infinito amor acercándonos a Él. También el Verbo de Dios se Encarnó para mostrarnos la santidad, para ser nuestro modelo, para enseñarnos personalmente cómo debe ser el verdadero hombre a imagen y semejanza de Dios. Y con su visita nos hace participar de la vida divina, sobre todo con su Ofrenda, su Sacrificio, donde nos devuelve la amistad con Dios y nos regala la vida eterna. Él vino para que nosotros podamos ser hijos de Dios y para que aprendamos a vivir como Hijos de Dios.
LA ENCARNACION
La Iglesia llama Encarnación al hecho de que el Hijo de Dios ha tomado la naturaleza humana para llevar a cabo la obra de salvación, es decir que se hizo hombre igual a nosotros. Este es el gran misterio de fe que la Iglesia cree y proclama, que Jesús es verdadero Dios y que se hizo hombre para salvarnos.
VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE
El hecho de que el Verbo de Dios se haya hecho hombre no quiere decir que Jesús es una parte hombre y atraparte Dios. Al contrario, JESÚS TOMÓ NUESTRA NATURALEZA HUMANA SIN DEJAR DE SER Dios, es decir, en el existen y conviven dos naturalezas: la humana y la divina en la misma persona que es Jesús. Él es verdadero Dios y verdadero Hombre. Esta es una verdad que debió ser muy defendida por parte de la Iglesia ya que nacieron muchas herejías que negaban una u otra naturaleza en el Verbo hecho carne: Jesús.
Las primeras herejías negaron menos la divinidad de Jesucristo que su humanidad verdadera (docetismo gnóstico). Desde la época apostólica la fe cristiana insistió en la verdadera encarnación del Hijo de Dios, "venido en la carne". Pero desde el siglo III, la Iglesia tuvo que afirmar frente a Pablo de Samosata, en un concilio reunido en Antioquia, que Jesucristo es hijo de Dios por naturaleza y no por adopción, es decir, que es Hijo de Dios eternamente y de la misma condición del Padre, es Dio. El primer concilio ecuménico de Nicea, en el año 325, confesó en su Credo que el Hijo de Dios es "engendrado, no creado, de la misma substancia que el Padre" y condenó a Arrio que afirmaba que "el Hijo de Dios salió de la nada" (DS 130) y que sería "de una substancia distinta de la del Padre".
La herejía nestoriana veía en Cristo una persona humana junto a la persona divina del Hijo de Dios. Frente a ella S. Cirilo de Alejandría y el tercer concilio ecuménico reunido en Efeso, en el año 431, confesaron que "el Verbo, al unirse en su persona a una carne animada por un alma racional, se hizo hombre". La humanidad de Cristo no tiene más sujeto que la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido y hecho suya desde su concepción. Por eso el concilio de Efeso proclamó en el año 431 que María llegó a ser con toda verdad Madre de Dios mediante la concepción humana del Hijo de Dios en su seno: "Madre de Dios, no porque el Verbo de Dios haya tomado de ella su naturaleza divina, sino porque es de ella, de quien tiene el cuerpo sagrado dotado de un alma racional, unido a la persona del Verbo, de quien se dice que el Verbo nació según la carne"
Los monofisitas afirmaban que la naturaleza humana había dejado de existir como tal en Cristo al ser asumida por su persona divina de Hijo de Dios. Enfrentado a esta herejía, el cuarto concilio ecuménico, en Calcedonia, confesó en el año 451:
Siguiendo, pues, a los Santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y cuerpo; consustancial con el Padre según la divinidad, y consustancial con nosotros según la humanidad, `en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado' (Hb 4, 15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad; y por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la humanidad. Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo único en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y confluyen en un solo sujeto y en una sola persona.
La Iglesia confiesa así que Jesús es inseparablemente verdadero Dios y verdadero hombre. El es verdaderamente el Hijo de Dios que se ha hecho hombre, nuestro hermano, y eso sin dejar de ser Dios, nuestro Señor:
COMO ES HOMBRE EL HIJO DE DIOS
Jesús es verdaderamente hombre, por eso tuvo un alma humana con sus operaciones de inteligencia y voluntad. Pero al mismo tiempo este ser humano que es Cristo pertenece al Hijo de Dios, por lo tanto todo lo que hace Jesús como hombre lleva impresa la vida trinitaria, porque Dios le comunica su vida.
El Hijo de Dios... trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado.
El alma que Cristo, como hombre, tuvo estaba dotada del conocimiento humano, que por supuesto, como tal, no podía ser ilimitado a la medida de Dios. Por eso, y en esto consiste el anonadamiento de Dios que se hizo semejante a nosotros y compartió nuestra vida, en que fue progresando como cualquier ser humano, aprendiendo las cosas como nosotros, y a su debido tiempo. NO fue un niño sobrenatural, fue un verdadero hombre que aprendió a valerse por sí mismo a través de la experiencia.
Pero al mismo tiempo, Jesús sabía todo lo referido a Dios por la unión de las naturalezas divinas y humanas, conocía a su Padre celestial y conocía el interior de los hombres, es decir, el corazón de cada uno. Debido a su unión con la sabiduría divina conocía todo aquello que había venido a revelarnos.
Jesús también tenía dos voluntades, una humana y otra divina, que existían y convivían en la misma persona, pero sin contradicciones entre sí, ya que la voluntad humana estaba totalmente sometida a la divina. Jesús vino a hacer la voluntad del Padre y como hombre se sometió libremente a esa voluntad.
Jesús tuvo un verdadero cuerpo humano, por lo cual podemos venerar su divinidad en su imagen representada, porque tuvo un rostro verdadero. Así como también tuvo un verdadero corazón humano con el cual nos amó y nos presentó al Padre.
RESUMEN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
* En el momento establecido por Dios, el Hijo único del Padre, la Palabra eterna, es decir, el Verbo e Imagen substancial del Padre, se hizo carne: sin perder la naturaleza divina asumió la naturaleza humana.
* Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre en la unidad de su Persona divina; por esta razón él es el único Mediador entre Dios y los hombres.
* Jesucristo posee dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la única Persona del Hijo de Dios.
* Cristo, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, tien e una inteligencia y una voluntad humanas, perfectamente de acuerdo y sometidas a su inteligencia y a su voluntad divinas que tiene en común con el Padre y el Espíritu Santo.
* La encarnación es, pues, el misterio de la admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo.
“... CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPIRITU SANTO, NACIO DE SANTA MARIA VIRGEN”
CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPIRITU SANTO...
María, en el momento de la anunciación, es invitada a ser la Madre del Salvador. Y el Ángel le anuncia cómo ocurrirá esto: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”. Esta es la verdad de la Encarnación del Hijo de Dios. Él fue concebido por obra del Espíritu Santo. Él Espíritu Santo fue enviado a santificar el seno de la Virgen María y fecundarla por obra divina, para que el Verbo de Dios pudiera tomar la humanidad de ella. En el seno de la Virgen María, Jesús fue constituido el Cristo, el Ungido por el Espíritu Santo.
... NACIDO DE LA VIRGEN MARIA
Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo.
Dios eligió y preparó a María desde siempre para que fuera la Madre de su Hijo. Él quiso necesitar de la cooperación de una criatura, pero una cooperación libre. Por eso, María con su consentimiento hizo posible que todas las promesas de Dios se cumplieran. María es la joven virgen anunciada por los profetas como la madre del salvador.
El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser la Madre precediera a la encarnación, es decir, que María dijera que si al plan de Dios con libertad para que su Hijo pudiera tomar de ella el cuerpo; para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida.
La Inmaculada Concepción
María fue elegida y preparada por Dios para esta misión tan grande que le fue encomendad, por eso, fue dotada de dones y gracias especiales desde el momento de su concepción. Ella fue llena de Gracia, sin pecado, pura desde el momento en que fue concebida y para toda la vida. María nació sin la mancha del pecado original con la cual todos nacemos. Era necesario que la Madre del salvador sea llena de la Gracia de Dios, libre de todo pecado, no por ella misma sino por la misión y vocación que de Dios ha recibido.
A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María "llena de gracia" por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:... la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano.
La maternidad divina de María
Llamada en los Evangelios "la Madre de Jesús"(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como "la madre de mi Señor" desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios ["Theotokos"]
La virginidad de María
La Iglesia proclama y defiende la fe en que Cristo fue concebido ene. Seno de María por obra y gracia del Espíritu Santo, sin elemento humano. Jesús es el Hijos de Dios nacido de María, VIRGEN.
En María se cumplen las profecías de la Madre virgen, de la cual nacería el Mesías. Los Evangelios nos dicen la verdad de esta realidad, Jesús fue concebido por el Espíritu Santo.
La fe en la concepción virginal de Jesús ha encontrado viva oposición, burlas o incomprensión por parte de los no creyentes, judíos y paganos, pero no ha tenido su origen en la mitología pagana ni en una adaptación de las ideas de su tiempo. El sentido de este misterio no es accesible más que a la fe, porque para Dios nada es imposible.
María fue siempre virgen. O solo permaneció virgen en la concepción del Hijo de Dios, sino en el momento del parto y después del parto, toda su vida fue de pureza y santidad.
El nacimiento de Cristo "lejos de disminuir consagró la integridad virginal" de su madre. Y aunque a veces se nombre en los evangelios a los hermanos de Jesús, la Iglesia nos enseña que esta palabra “hermanos” no es literalmente entendida como hijos de una misma madre, sino que se refiere a parientes, primos o de un parentesco. Jesús es el único Hijo de María y esto debemos defenderlo como verdad de fe contra los que tienen la fe dormida o que se excusan en su ignorancia para hacernos creer cosas de María que no son verdad. MARÍA es la Madre de Cristo y en Cristo es la Madre de todos los redimidos por Él, pero de una manera espiritual.
La maternidad virginal de María en el designio de Dios
Dios quiso que su Hijo naciera de una Madre virgen, así lo preparó y así lo obro, como su iniciativa de amor y de misericordia. Así se demuestra que Jesús es Hijo solamente de Dios, que es su Padre Eterno. Jesús inaugura por su concepción virginal el nuevo nacimiento de los hijos de Dios, que no se da por la carne sino por el Espíritu.
María es virgen porque su virginidad es el signo de su fe "no adulterada por duda alguna" y de su entrega total a la voluntad de Dios. Su fe es la que le hace llegar a ser la madre del Salvador.
María es a la vez virgen y madre porque ella es la figura y la más perfecta realización de la Iglesia (cf. LG 63): "La Iglesia se convierte en Madre por la palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la predicación y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. También ella es virgen que guarda íntegra y pura la fidelidad prometida al Esposo" (LG 64).
RESUMEN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
* De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, "llena de gracia", es "el fruto excelente de la redención" (SC 103); desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.
* María es verdaderamente "Madre de Dios" porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo.
* María "fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen al parir, Virgen durante el embarazo, Virgen después del parto, Virgen siempre" (S. Agustín, serm. 186, 1): Ella, con todo su ser, es "la esclava del Señor" (Lc 1, 38).
* La Virgen María "colaboró por su fe y obediencia libres a la salvación de los hombres" (LG 56). Ella pronunció su "fiat" "loco totius humanae naturae" ("ocupando el lugar de toda la naturaleza humana") (Santo Tomás, s.th. 3, 30, 1 ): Por su obediencia, Ella se convirtió en la nueva Eva, madre de los vivientes.
El Verbo de Dios, su Hijo Único se encarnó, es decir, se hizo hombre y habitó entre nosotros. Él tomo nuestra naturaleza humana para salvarnos, para darnos vida, para cumplir las promesas del PADRE. Nuestra naturaleza humana necesitaba ser restaurada, necesitaba volver a la amistad con Dios, pero ningún hombre podía hacerlo por sí mismo, por eso Dios envió a su Hijo para que por Él todos recibamos la salvación. La Encarnación del Hijo de Dios es una manifestación de su amor, por medio de Jesús podemos ver claramente cuánto nos ama Dios y experimentar su infinito amor acercándonos a Él. También el Verbo de Dios se Encarnó para mostrarnos la santidad, para ser nuestro modelo, para enseñarnos personalmente cómo debe ser el verdadero hombre a imagen y semejanza de Dios. Y con su visita nos hace participar de la vida divina, sobre todo con su Ofrenda, su Sacrificio, donde nos devuelve la amistad con Dios y nos regala la vida eterna. Él vino para que nosotros podamos ser hijos de Dios y para que aprendamos a vivir como Hijos de Dios.
LA ENCARNACION
La Iglesia llama Encarnación al hecho de que el Hijo de Dios ha tomado la naturaleza humana para llevar a cabo la obra de salvación, es decir que se hizo hombre igual a nosotros. Este es el gran misterio de fe que la Iglesia cree y proclama, que Jesús es verdadero Dios y que se hizo hombre para salvarnos.
VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE
El hecho de que el Verbo de Dios se haya hecho hombre no quiere decir que Jesús es una parte hombre y atraparte Dios. Al contrario, JESÚS TOMÓ NUESTRA NATURALEZA HUMANA SIN DEJAR DE SER Dios, es decir, en el existen y conviven dos naturalezas: la humana y la divina en la misma persona que es Jesús. Él es verdadero Dios y verdadero Hombre. Esta es una verdad que debió ser muy defendida por parte de la Iglesia ya que nacieron muchas herejías que negaban una u otra naturaleza en el Verbo hecho carne: Jesús.
Las primeras herejías negaron menos la divinidad de Jesucristo que su humanidad verdadera (docetismo gnóstico). Desde la época apostólica la fe cristiana insistió en la verdadera encarnación del Hijo de Dios, "venido en la carne". Pero desde el siglo III, la Iglesia tuvo que afirmar frente a Pablo de Samosata, en un concilio reunido en Antioquia, que Jesucristo es hijo de Dios por naturaleza y no por adopción, es decir, que es Hijo de Dios eternamente y de la misma condición del Padre, es Dio. El primer concilio ecuménico de Nicea, en el año 325, confesó en su Credo que el Hijo de Dios es "engendrado, no creado, de la misma substancia que el Padre" y condenó a Arrio que afirmaba que "el Hijo de Dios salió de la nada" (DS 130) y que sería "de una substancia distinta de la del Padre".
La herejía nestoriana veía en Cristo una persona humana junto a la persona divina del Hijo de Dios. Frente a ella S. Cirilo de Alejandría y el tercer concilio ecuménico reunido en Efeso, en el año 431, confesaron que "el Verbo, al unirse en su persona a una carne animada por un alma racional, se hizo hombre". La humanidad de Cristo no tiene más sujeto que la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido y hecho suya desde su concepción. Por eso el concilio de Efeso proclamó en el año 431 que María llegó a ser con toda verdad Madre de Dios mediante la concepción humana del Hijo de Dios en su seno: "Madre de Dios, no porque el Verbo de Dios haya tomado de ella su naturaleza divina, sino porque es de ella, de quien tiene el cuerpo sagrado dotado de un alma racional, unido a la persona del Verbo, de quien se dice que el Verbo nació según la carne"
Los monofisitas afirmaban que la naturaleza humana había dejado de existir como tal en Cristo al ser asumida por su persona divina de Hijo de Dios. Enfrentado a esta herejía, el cuarto concilio ecuménico, en Calcedonia, confesó en el año 451:
Siguiendo, pues, a los Santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y cuerpo; consustancial con el Padre según la divinidad, y consustancial con nosotros según la humanidad, `en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado' (Hb 4, 15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad; y por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la humanidad. Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo único en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y confluyen en un solo sujeto y en una sola persona.
La Iglesia confiesa así que Jesús es inseparablemente verdadero Dios y verdadero hombre. El es verdaderamente el Hijo de Dios que se ha hecho hombre, nuestro hermano, y eso sin dejar de ser Dios, nuestro Señor:
COMO ES HOMBRE EL HIJO DE DIOS
Jesús es verdaderamente hombre, por eso tuvo un alma humana con sus operaciones de inteligencia y voluntad. Pero al mismo tiempo este ser humano que es Cristo pertenece al Hijo de Dios, por lo tanto todo lo que hace Jesús como hombre lleva impresa la vida trinitaria, porque Dios le comunica su vida.
El Hijo de Dios... trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado.
El alma que Cristo, como hombre, tuvo estaba dotada del conocimiento humano, que por supuesto, como tal, no podía ser ilimitado a la medida de Dios. Por eso, y en esto consiste el anonadamiento de Dios que se hizo semejante a nosotros y compartió nuestra vida, en que fue progresando como cualquier ser humano, aprendiendo las cosas como nosotros, y a su debido tiempo. NO fue un niño sobrenatural, fue un verdadero hombre que aprendió a valerse por sí mismo a través de la experiencia.
Pero al mismo tiempo, Jesús sabía todo lo referido a Dios por la unión de las naturalezas divinas y humanas, conocía a su Padre celestial y conocía el interior de los hombres, es decir, el corazón de cada uno. Debido a su unión con la sabiduría divina conocía todo aquello que había venido a revelarnos.
Jesús también tenía dos voluntades, una humana y otra divina, que existían y convivían en la misma persona, pero sin contradicciones entre sí, ya que la voluntad humana estaba totalmente sometida a la divina. Jesús vino a hacer la voluntad del Padre y como hombre se sometió libremente a esa voluntad.
Jesús tuvo un verdadero cuerpo humano, por lo cual podemos venerar su divinidad en su imagen representada, porque tuvo un rostro verdadero. Así como también tuvo un verdadero corazón humano con el cual nos amó y nos presentó al Padre.
RESUMEN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
* En el momento establecido por Dios, el Hijo único del Padre, la Palabra eterna, es decir, el Verbo e Imagen substancial del Padre, se hizo carne: sin perder la naturaleza divina asumió la naturaleza humana.
* Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre en la unidad de su Persona divina; por esta razón él es el único Mediador entre Dios y los hombres.
* Jesucristo posee dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la única Persona del Hijo de Dios.
* Cristo, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, tien e una inteligencia y una voluntad humanas, perfectamente de acuerdo y sometidas a su inteligencia y a su voluntad divinas que tiene en común con el Padre y el Espíritu Santo.
* La encarnación es, pues, el misterio de la admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo.
“... CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPIRITU SANTO, NACIO DE SANTA MARIA VIRGEN”
CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPIRITU SANTO...
María, en el momento de la anunciación, es invitada a ser la Madre del Salvador. Y el Ángel le anuncia cómo ocurrirá esto: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”. Esta es la verdad de la Encarnación del Hijo de Dios. Él fue concebido por obra del Espíritu Santo. Él Espíritu Santo fue enviado a santificar el seno de la Virgen María y fecundarla por obra divina, para que el Verbo de Dios pudiera tomar la humanidad de ella. En el seno de la Virgen María, Jesús fue constituido el Cristo, el Ungido por el Espíritu Santo.
... NACIDO DE LA VIRGEN MARIA
Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo.
Dios eligió y preparó a María desde siempre para que fuera la Madre de su Hijo. Él quiso necesitar de la cooperación de una criatura, pero una cooperación libre. Por eso, María con su consentimiento hizo posible que todas las promesas de Dios se cumplieran. María es la joven virgen anunciada por los profetas como la madre del salvador.
El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser la Madre precediera a la encarnación, es decir, que María dijera que si al plan de Dios con libertad para que su Hijo pudiera tomar de ella el cuerpo; para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida.
La Inmaculada Concepción
María fue elegida y preparada por Dios para esta misión tan grande que le fue encomendad, por eso, fue dotada de dones y gracias especiales desde el momento de su concepción. Ella fue llena de Gracia, sin pecado, pura desde el momento en que fue concebida y para toda la vida. María nació sin la mancha del pecado original con la cual todos nacemos. Era necesario que la Madre del salvador sea llena de la Gracia de Dios, libre de todo pecado, no por ella misma sino por la misión y vocación que de Dios ha recibido.
A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María "llena de gracia" por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:... la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano.
La maternidad divina de María
Llamada en los Evangelios "la Madre de Jesús"(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como "la madre de mi Señor" desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios ["Theotokos"]
La virginidad de María
La Iglesia proclama y defiende la fe en que Cristo fue concebido ene. Seno de María por obra y gracia del Espíritu Santo, sin elemento humano. Jesús es el Hijos de Dios nacido de María, VIRGEN.
En María se cumplen las profecías de la Madre virgen, de la cual nacería el Mesías. Los Evangelios nos dicen la verdad de esta realidad, Jesús fue concebido por el Espíritu Santo.
La fe en la concepción virginal de Jesús ha encontrado viva oposición, burlas o incomprensión por parte de los no creyentes, judíos y paganos, pero no ha tenido su origen en la mitología pagana ni en una adaptación de las ideas de su tiempo. El sentido de este misterio no es accesible más que a la fe, porque para Dios nada es imposible.
María fue siempre virgen. O solo permaneció virgen en la concepción del Hijo de Dios, sino en el momento del parto y después del parto, toda su vida fue de pureza y santidad.
El nacimiento de Cristo "lejos de disminuir consagró la integridad virginal" de su madre. Y aunque a veces se nombre en los evangelios a los hermanos de Jesús, la Iglesia nos enseña que esta palabra “hermanos” no es literalmente entendida como hijos de una misma madre, sino que se refiere a parientes, primos o de un parentesco. Jesús es el único Hijo de María y esto debemos defenderlo como verdad de fe contra los que tienen la fe dormida o que se excusan en su ignorancia para hacernos creer cosas de María que no son verdad. MARÍA es la Madre de Cristo y en Cristo es la Madre de todos los redimidos por Él, pero de una manera espiritual.
La maternidad virginal de María en el designio de Dios
Dios quiso que su Hijo naciera de una Madre virgen, así lo preparó y así lo obro, como su iniciativa de amor y de misericordia. Así se demuestra que Jesús es Hijo solamente de Dios, que es su Padre Eterno. Jesús inaugura por su concepción virginal el nuevo nacimiento de los hijos de Dios, que no se da por la carne sino por el Espíritu.
María es virgen porque su virginidad es el signo de su fe "no adulterada por duda alguna" y de su entrega total a la voluntad de Dios. Su fe es la que le hace llegar a ser la madre del Salvador.
María es a la vez virgen y madre porque ella es la figura y la más perfecta realización de la Iglesia (cf. LG 63): "La Iglesia se convierte en Madre por la palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la predicación y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. También ella es virgen que guarda íntegra y pura la fidelidad prometida al Esposo" (LG 64).
RESUMEN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
* De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, "llena de gracia", es "el fruto excelente de la redención" (SC 103); desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.
* María es verdaderamente "Madre de Dios" porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo.
* María "fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen al parir, Virgen durante el embarazo, Virgen después del parto, Virgen siempre" (S. Agustín, serm. 186, 1): Ella, con todo su ser, es "la esclava del Señor" (Lc 1, 38).
* La Virgen María "colaboró por su fe y obediencia libres a la salvación de los hombres" (LG 56). Ella pronunció su "fiat" "loco totius humanae naturae" ("ocupando el lugar de toda la naturaleza humana") (Santo Tomás, s.th. 3, 30, 1 ): Por su obediencia, Ella se convirtió en la nueva Eva, madre de los vivientes.
Creo En Jesucristo
CREO EN JESUCRISTO, HIJO UNICO DE DIOS
La Buena Noticia que proclamamos es la llegada de Dios a los hombres y de una manera muy particular y muy a la manera de Dios, nos visita a través de su Hijo Único, nuestro Señor Jesucristo, el Enviado del Padre para salvar a los hombres. Esto ocurrió en el tiempo considerado oportuno para el Padre, quien cumple en Jesús todas las promesas.
Nosotros creemos firmemente y profesamos nuestra fe en Jesús, que es el Hijo de Dios hecho hombre y que vivió entre nosotros, que nació en Belén en el tiempo del rey Herodes y del emperador César Augusto; que aprendió el oficio de su padre que era carpintero y vivió de su trabajo; que fue crucificado, muerto y sepultado en Jerusalén bajo el poder de Poncio Pilato. Este Jesús creemos que es el Hijo eterno de Dios y que vino a salvarnos.
Jesús se ha convertido en el centro de la transmisión cristiana, en el centro de la vida de la Iglesia, en el centro de la catequesis. Él es el verdadero importante en nuestra vida por eso debemos transmitirlo y procurar que muchos se encuentren con Él, que lo conozcan, que lo amen y que lo sirvan.
Él único y verdadero fin de la catequesis es dar a conocer a Jesús y hacer que todos entren en comunión con Él. Se debe enseñar a Cristo, se debe mostrar a Cristo, se debe proclamar a Cristo, su obra, sus enseñanzas, su amor y misericordia que lo llevó a dar su vida en rescate por todos. S u gran obra de salvación que nos hace preciosos ya que nos rescató a un muy alto precio, el precio de su divina sangre.
Por eso la catequesis es mostrar a Cristo y solo a Él como portadores de su voz, nuestra doctrina debe ser la suya. Nosotros debemos buscar solo la gloria de Dios en nuestra predicación y estar dispuestos a todo con tal de que Cristo Jesús sea conocido y amado. Jamás mostrarnos a nosotros mismos sino a aquel que nos ha enviado a proclamar esta Buena Noticia. Para poder mostrar la verdad de Jesús tenemos que conocerlo y conocer todo lo que la Iglesia, como Madre, nos enseña.
JESUS
Jesús es el nombre propio de nuestro Señor, es el nombre que le fue encomendado por el ángel Gabriel a María en el momento de la anunciación. El nombre Jesús significa en hebreo: DIOS SALVA. Por eso, Jesús tiene en su nombre dos aspectos importantes de su vida, que son: SU SER DIOS y la misión: SALVADOR. Jesús es el único nombre dado a los hombres por el cual obtendrán salvación, Él es el único salvador.
Es el nombre de Dios salvador, porque es el único nombre que manifiesta el poder soberano de Dios y la presencia de Dios entre nosotros. Por el Nombre de Jesús se expulsan demonios, se sanan enfermos, y todos somos salvados. Y este Nombre sobre todo nombre está muy presente en la vida de la Iglesia, ya que toda la oración dirigida al Padre lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
CRISTO
Cristo viene de la traducción griega de la palabra hebrea “Mesías” es decir UNGIDO. Este título se le da a Jesús, no porque sea su nombre propio, sino por la misión que el tuvo entre nosotros. Él es el Mesías esperado, el Ungido de Dios, el que viene en nombre de Dios. En el pueblo de Israel eran ungidos aquellos que tenían una misión importante, como ser los sacerdotes, algunos profetas y los reyes. Al ser Jesús el Ungido de Dios, lleno del Espíritu Santo cumplió en la tierra su misión como Rey, Sacerdote y Profeta.
Jesús fue anunciado por los ángeles a los pastores como el Mesías.
Cristo en este título manifiesta su misión divina, es el Mesías, el Enviado, el Ungido de DIOS. En este nombre está presente el que Unge, el que es Ungido y la misma Unción. Es decir, el que Unge es el Padre eterno, el que ha sido ungido es el Hijo, y la Unción es el Espíritu Santo. La santísima trinidad presente en este nombre.
Esta misión mesiánica fue revelada en el momento del Bautismo, donde recibe la unción del Espíritu y es revelado por el Padre como su Hijo amado.
HIJO UNICO DE DIOS
Este es el título dado a Jesús que fue confesado por el apóstol Pedro y que la Iglesia profesa como verdad de fe; Jesús es el Hijo de Dios. Jesús lo dio a conocer en el momento de su pasión cuando era sometido a juicio, cuando le preguntaron si era el Hijo de Dios el respondió: ustedes lo dicen, yo soy. El Padre lo da a conocer en dos momentos importantes de la vida de Jesús: en su Bautismo y en la Transfiguración, donde dice que es su Hijo amado.
Después de su Resurrección, su filiación divina aparece en el poder de su humanidad glorificada: "Constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su Resurrección de entre los muertos" (Rm 1, 4) Los apóstoles podrán confesar "Hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad "(Jn 1, 14).
SEÑOR
Al darle el título de Señor a Jesús se lo reconoce como Dios. El mismo Dios se reveló con este nombre a Moisés, y así era llamado e invocado por el pueblo: como Señor. Este título es dado a Dios. Jesús se dio a conocer como el Señor por el dominio que ejerció sobre la naturaleza, los demonios, la muerte y el pecado. En todo esto demostró su soberanía divina. Este título representa el respeto y la confianza de quienes se acercan a Él y lo llaman Señor, reconociendo en Él toda autoridad. Es por esto que como cristianos tenemos un único Señor, que es Jesús, y a nadie debemos someter nuestra libertad más que a Él. El título de Señor es muy usado en la oración de la Iglesia, reconociendo su autoridad y su poder entre nosotros.
RESUMEN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
* El nombre de Jesús significa "Dios salva". El niño nacido de la Virgen María se llama "Jesús" "porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1, 21); "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4, 12).
* El nombre de Cristo significa "Ungido", "Mesías". Jesús es el Cristo porque "Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder" (Hch 10, 38). Era "el que ha de venir" (Lc 7, 19), el objeto de "la esperanza de Israel"(Hch 28, 20).
* El nombre de Hijo de Dios significa la relación única y eterna de Jesucristo con Dios su Padre: el es el Hijo único del Padre (cf. Jn 1, 14. 18; 3, 16. 18) y él mismo es Dios (cf. Jn 1, 1). Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios (cf. Hch 8, 37; 1 Jn 2, 23).
* El nombre de Señor significa la soberanía divina. Confesar o invocar a Jesús como Señor es creer en su divinidad "Nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!" sino por influjo del Espíritu Santo"(1 Co 12, 3).
La Buena Noticia que proclamamos es la llegada de Dios a los hombres y de una manera muy particular y muy a la manera de Dios, nos visita a través de su Hijo Único, nuestro Señor Jesucristo, el Enviado del Padre para salvar a los hombres. Esto ocurrió en el tiempo considerado oportuno para el Padre, quien cumple en Jesús todas las promesas.
Nosotros creemos firmemente y profesamos nuestra fe en Jesús, que es el Hijo de Dios hecho hombre y que vivió entre nosotros, que nació en Belén en el tiempo del rey Herodes y del emperador César Augusto; que aprendió el oficio de su padre que era carpintero y vivió de su trabajo; que fue crucificado, muerto y sepultado en Jerusalén bajo el poder de Poncio Pilato. Este Jesús creemos que es el Hijo eterno de Dios y que vino a salvarnos.
Jesús se ha convertido en el centro de la transmisión cristiana, en el centro de la vida de la Iglesia, en el centro de la catequesis. Él es el verdadero importante en nuestra vida por eso debemos transmitirlo y procurar que muchos se encuentren con Él, que lo conozcan, que lo amen y que lo sirvan.
Él único y verdadero fin de la catequesis es dar a conocer a Jesús y hacer que todos entren en comunión con Él. Se debe enseñar a Cristo, se debe mostrar a Cristo, se debe proclamar a Cristo, su obra, sus enseñanzas, su amor y misericordia que lo llevó a dar su vida en rescate por todos. S u gran obra de salvación que nos hace preciosos ya que nos rescató a un muy alto precio, el precio de su divina sangre.
Por eso la catequesis es mostrar a Cristo y solo a Él como portadores de su voz, nuestra doctrina debe ser la suya. Nosotros debemos buscar solo la gloria de Dios en nuestra predicación y estar dispuestos a todo con tal de que Cristo Jesús sea conocido y amado. Jamás mostrarnos a nosotros mismos sino a aquel que nos ha enviado a proclamar esta Buena Noticia. Para poder mostrar la verdad de Jesús tenemos que conocerlo y conocer todo lo que la Iglesia, como Madre, nos enseña.
JESUS
Jesús es el nombre propio de nuestro Señor, es el nombre que le fue encomendado por el ángel Gabriel a María en el momento de la anunciación. El nombre Jesús significa en hebreo: DIOS SALVA. Por eso, Jesús tiene en su nombre dos aspectos importantes de su vida, que son: SU SER DIOS y la misión: SALVADOR. Jesús es el único nombre dado a los hombres por el cual obtendrán salvación, Él es el único salvador.
Es el nombre de Dios salvador, porque es el único nombre que manifiesta el poder soberano de Dios y la presencia de Dios entre nosotros. Por el Nombre de Jesús se expulsan demonios, se sanan enfermos, y todos somos salvados. Y este Nombre sobre todo nombre está muy presente en la vida de la Iglesia, ya que toda la oración dirigida al Padre lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
CRISTO
Cristo viene de la traducción griega de la palabra hebrea “Mesías” es decir UNGIDO. Este título se le da a Jesús, no porque sea su nombre propio, sino por la misión que el tuvo entre nosotros. Él es el Mesías esperado, el Ungido de Dios, el que viene en nombre de Dios. En el pueblo de Israel eran ungidos aquellos que tenían una misión importante, como ser los sacerdotes, algunos profetas y los reyes. Al ser Jesús el Ungido de Dios, lleno del Espíritu Santo cumplió en la tierra su misión como Rey, Sacerdote y Profeta.
Jesús fue anunciado por los ángeles a los pastores como el Mesías.
Cristo en este título manifiesta su misión divina, es el Mesías, el Enviado, el Ungido de DIOS. En este nombre está presente el que Unge, el que es Ungido y la misma Unción. Es decir, el que Unge es el Padre eterno, el que ha sido ungido es el Hijo, y la Unción es el Espíritu Santo. La santísima trinidad presente en este nombre.
Esta misión mesiánica fue revelada en el momento del Bautismo, donde recibe la unción del Espíritu y es revelado por el Padre como su Hijo amado.
HIJO UNICO DE DIOS
Este es el título dado a Jesús que fue confesado por el apóstol Pedro y que la Iglesia profesa como verdad de fe; Jesús es el Hijo de Dios. Jesús lo dio a conocer en el momento de su pasión cuando era sometido a juicio, cuando le preguntaron si era el Hijo de Dios el respondió: ustedes lo dicen, yo soy. El Padre lo da a conocer en dos momentos importantes de la vida de Jesús: en su Bautismo y en la Transfiguración, donde dice que es su Hijo amado.
Después de su Resurrección, su filiación divina aparece en el poder de su humanidad glorificada: "Constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su Resurrección de entre los muertos" (Rm 1, 4) Los apóstoles podrán confesar "Hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad "(Jn 1, 14).
SEÑOR
Al darle el título de Señor a Jesús se lo reconoce como Dios. El mismo Dios se reveló con este nombre a Moisés, y así era llamado e invocado por el pueblo: como Señor. Este título es dado a Dios. Jesús se dio a conocer como el Señor por el dominio que ejerció sobre la naturaleza, los demonios, la muerte y el pecado. En todo esto demostró su soberanía divina. Este título representa el respeto y la confianza de quienes se acercan a Él y lo llaman Señor, reconociendo en Él toda autoridad. Es por esto que como cristianos tenemos un único Señor, que es Jesús, y a nadie debemos someter nuestra libertad más que a Él. El título de Señor es muy usado en la oración de la Iglesia, reconociendo su autoridad y su poder entre nosotros.
RESUMEN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
* El nombre de Jesús significa "Dios salva". El niño nacido de la Virgen María se llama "Jesús" "porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1, 21); "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4, 12).
* El nombre de Cristo significa "Ungido", "Mesías". Jesús es el Cristo porque "Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder" (Hch 10, 38). Era "el que ha de venir" (Lc 7, 19), el objeto de "la esperanza de Israel"(Hch 28, 20).
* El nombre de Hijo de Dios significa la relación única y eterna de Jesucristo con Dios su Padre: el es el Hijo único del Padre (cf. Jn 1, 14. 18; 3, 16. 18) y él mismo es Dios (cf. Jn 1, 1). Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios (cf. Hch 8, 37; 1 Jn 2, 23).
* El nombre de Señor significa la soberanía divina. Confesar o invocar a Jesús como Señor es creer en su divinidad "Nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!" sino por influjo del Espíritu Santo"(1 Co 12, 3).
viernes, 23 de mayo de 2008

Dios... Dios... Dios...
Al mirarte pienso cuánto me amas;
cuánto amas a la humanidad; cuánto amas a los tuyos. Cuánto amor, no se puede expresar.
Como no lo podemos expresar nosotros, así tú, buscaste la forma de expresarlo. Lo dijiste de mil maneras, lo hiciste de mil formas... encontraste la más especial, única, inimaginable... quedarte presente bajo la apariencia de pan...
Dios Todopoderoso, cómo decir lo que la Eucaristía significa sin hablar de tu amor, de tu delicadeza, de tu ternura para con cada uno de nosotros. Dios presente, Dios vivo, tú mismo... JESUCRISTO... tu amor, tu vida, tu Ser completo.
Como darnos cuenta del alimento que repara nuestras fuerzas, como darnos cuenta de que comemos amor, recibimos amor, vemos amor.
Tu mirada dice: cómo se los hago comprender, verdad? es cierto, cómo y cuándo será el momento que el ser humano, que te come casi a diario, se de cuenta de la grandeza de lo que recibe en cada comunión.
OH Dios, qué inmenso amor, qué grande eres. Mejor es callar ante semejante Misterio, las palabras jamás podran expresar con acierto la grandeza de tu vida entregada como Pan para alimento del alma. Bendito y alabado seas en el Santísimo Sacramento del Altar.

Manos... Manos pecadoras y santas. Manos humanas que tienen el poder y la capacidad de mediar, bendecir, alimentar y hacer presente el Santísimo Sacramento.
Dios que se deja tocar, se entrega, se hace palapable a través de sus manos sacerdotales.
Bendito Dios, enséñanos a venerar las manos de nuestros sacerdotes, que te sostienen, te muestran y te aman.
Gracias, Señor, por tu presencia viva en medio nuestro y gracias por no tener en cuenta nuestros pecados sino la Fe de tu Iglesia.
Alabado sea por siempre el Santísimo Sacramento del Altar.

"Tanto Amor... Inmenso Amor... Locura de Amor... Ingenio.
Solo Dios es capaz de realizar tremendos prodigios para decirle a nuestro corazón que nos ama y que Él está dispuesto a hacerse pequeñísimo con tal de quedarse en Él. Solo Dios es capaz..."
Eucaristía, Milagro de Amor, Grito de Amor, anonadamiento por AMOR.
JESÚS NOS ENSEÑA A ORAR
* ¿Qué es orar?
Orar es hablar con Dios, expresarle con nuestras palabras sencillas y llenas de humildad lo que nuestro corazón quiere decirle. San Juan Damasceno decía que la oración es la elevación del alma hacia Dios.
La oración estuvo siempre presente en la predicación de Jesús y no solo en su predicación sino también en su vida. I queremos aprender a orar y darle la verdadera importancia que la oración tiene para nuestra vida debemos mirar a Jesús. Es Jesús nuestro modelo de oración y nuestro Maestro de oración.
Él siempre oró, en toda circunstancia, en todo momento estuvo en contacto con su Padre Dios. Él nos enseña que para conocer la Voluntad de Dios debemos conversar con Él, hablar con Él y escucharlo.
* Jesús ora:
LC.3, 21 ; LC.9, 28-29; LC.5, 16; LC.6, 12; LC.9, 18; LC.22, 32 ; MC.1, 35 ; MC.6, 46 ; MT.11, 25;
El Hijo de Dios hecho hombre también aprendió a orar conforme a su corazón de hombre. Lo aprende de su Madre, lo aprende en las palabras y en los ritos de la oración de su pueblo. Pero su oración es distinta, como lo deja ver a la edad de doce años cuando dice: “Yo debo estar en las cosas de Mi Padre” (LC.2, 49). En esto revela la plenitud de la oración: la oración de los hijos que hablan con su Padre.
Jesús siempre ora en los momentos decisivos de su misión y esta oración ante los acontecimientos de salvación que el Padre le pide que cumpla es una entrega, humilde y confiada, de su voluntad humana a la voluntad amorosa del Padre. Así nosotros, ante cada situación que nos toca vivir debemos hablar con nuestro Padre y someter nuestra voluntad a la suya.
Estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Maestro, enséñanos a orar” (LC.11, 1). Contemplando al Maestro en oración, el discípulo desea orar.
Con el hecho de su oración, Jesús nos enseña a orar.
* EL HOMBRE DEBE ORAR:
“La oración es el acto propio de la criatura racional, es decir, quien no ora no es plenamente hombre” (Sto. Tomás).
La oración es el reconocimiento de nuestro ser creación, de nuestros límites y de nuestra dependencia: Venimos de Dios, Somos de Dios, Retornamos a Dios. Es reconocernos necesitados de Dios. Por lo tanto no podemos menos que abandonarnos en nuestro creador y Señor con plena confianza.
Ante todo, la oración, es un acto de inteligencia, un sentimiento de humildad y reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono en aquel que nos ha dado la vida por amor.
Es un diálogo de corazón a corazón en el que interviene toda el alma, la inteligencia, la imaginación, la memoria y la voluntad. Es estar a solas con quien sabemos que nos ama.
Así como Jesús mantuvo un diálogo continuo con su Padre, para pedir, para alabar, para dar gracias, en toda circunstancia.
Es acercarnos a Dios como somos, presentarnos ante Él con todas nuestras limitaciones, dificultades, miserias, amor y virtudes y dirigirnos a El como a un amigo, con la seguridad de que su atención está puesta en nosotros. Él nos escucha, está atento a nuestras palabras.
Dios espera tener esa comunicación con nosotros.
* EL HOMBRE NECESITA ORAR
*Como Jesús, también nosotros debemos tratar con el Padre, con confianza y corazón abierto, nuestros problemas, proyectos, trabajos, porque Dios no acostumbra a hablar al alma que no le habla.
*Es necesario orar porque la oración nos conduce a la santidad, porque a través de ella conseguimos los bienes espirituales, la salvación.
*La oración es el cimiento del cristiano, le da firmeza y solidez a la fe. Es un medio poderoso para vencer las luchas interiores: “Si alguien está afligido, que ore. Si está alegre, que cante salmos. Si está enfermo que llame a los presbíteros de la Iglesia para que oren” (Sant.5, 13-14).
*“Con la oración somos poderosos, dueños del querer de Dios” (Sto. Cura de Ars), porque cuando oramos estamos unidos a nuestro Señor Jesucristo que ora por nosotros, ora en nosotros y al mismo tiempo es a Él a quien dirigimos nuestra oración:
*-Ora por nosotros como sacerdote nuestro
*-Ora en nosotros como cabeza nuestra
*-Recibe nuestra oración como nuestro Dios
*No nos extrañe que el demonio haga todo lo posible para hacernos dejar la oración, porque sabe mejor que nosotros, cuan temible es ella al infierno.
*Quien ora no se dejará vencer por las tentaciones del demonio, al contrario tendrá luz para discernir lo que es de DIOS, lo Dios le agrada, lo que Dios quiere.
La Oración es nuestra fortaleza, porque en ella nos encontramos con Dios y con su amor, su misericordia, sus gracias y su voluntad.
* ¿CÓMO ORAR?
Orar es estar con el Señor, pensar en quien tenemos delante, con quien estamos y a quien hablamos.
Orar no es un arte, es recogerse con él y dejarse enamorar y acostumbrarse a su presencia, porque Él nos persigue amorosamente (Ap.3, 20) “He aquí que estoy a la puerta y llamo...”
Es hablar con Él sin usar oraciones aprendidas sino con palabras simples y que expresen con sencillez lo que queremos decir, lo importante es ponerse en su presencia, no importa el lugar porque Dios está de modo inefable en nuestra alma en gracia, pero así como para tratar temas importantes necesitamos un lugar, organización, horario, temario, así también en la oración, para intimar más con el Señor, necesitamos estar menos expuestos a distracciones, “Retírate a tu habitación... (MT.6, 6) y también aprender a callar para escucharlo.
En tu momento de adoración, es el momento oportuno y provechoso para orar, para hablar con el Señor ya que lo tienes cara a cara, Él está allí presente para vos, escuchándote, esperando que le hables como Señor y amigo. ¿Cuántas veces hablas demasiado en tu adoración? ¿Cuántas veces hablas con los demás y no con el Señor? Así como hay palabras para mal gastar el tiempo tantas veces conversando cosas sin sentido, mejor es hablar con el Señor que nos bendice y nos ama.
No es necesario que seamos doctores en letras o que tengamos un curso de oratoria para hablar con Jesús, al contrario, cuanto más sencilla sea tu oración más te acercarás al Señor, entablando con Él un charla de amistad y confianza. No es excusa válida decir “yo no sé orar”, acaso ¿no sabes hablar?
* ¿Cómo debemos disponernos para orar según lo que Jesús nos enseña?Estar en gracia de Dios. Si un pecador no quiere salir del pecado, la oración es un insulto a Dios (MC.11, 25). Nuestro corazón debe estar verdaderamente limpio para hablar con el Señor, sobre todo para poder recibir sus gracias. Imaginemos que entre Dios y nosotros hay un canal por donde debe pasar nuestra oración y la respuesta de Dios. El pecado obstruye ese canal, lo tapa, no permite que nada pase por Él, por lo tanto, ni nuestra oración llegará a Dios ni podremos recibir sus gracias. Por eso, y sobre todo, para adorar a Jesús nuestro Corazón debe estar en gracia de Dios, es decir sin pecado mortal. Aunque Dios ama al pecador, también Él quiere que los pecadores vuelvan a Él, que se alejen del pecado. Y nadie que se encuentra verdaderamente con el Señor permanece presa del pecado y quien ora a Dios se mantiene firme en su Gracia. Si nuestro corazón no está en amistad con Dios no podremos recibir todo lo que Dios tiene para regalarnos, estamos lejos de Él. Y no podemos decir en nuestra oración que amamos a Dios si estamos en pecado, porque si de verdad lo amamos cumplimos sus mandamientos. Dios nos ama y quiere lo mejor para cada uno.
* Conversión del corazón: reconciliarnos con el hermano antes de presentar una ofrenda en el Altar (MT.5, 23-24), amar a nuestros enemigos y orar por ellos (MT.5, 44-45), perdonar de corazón (MT.6, 14-15)
* Prepararse, pensar en Dios, considerar con quien vamos a hablar. Es necesario el silencio interior.
* Confiada (MC.11, 23-24)
* Humilde (LC.18, 9-14). Solamente el que se humilla delante de Dios será escuchado, es necesario dejar la vanagloria para orar.
* Respetuosa: posición, palabras, tono, nacida del amor verdadero
* Recta, en lo que pedimos
* Perseverante (LC.11, 5-8) (LC.18, 1-8)
* Devota, sin muchas palabras. Mejor el silencio que el ruido de nuestras muchas palabras. (MT.6, 7)
* Discreta (MT.6, 7-8) en privado, íntimamente.
Jesús nos instruye para que oremos con un corazón purificado, una fe viva y perseverante y con audacia.
* ¿ORACIÓN O REZO?
Rezo: repetición de formas ya establecidas e impersonales. Son las oraciones que aprendemos de memoria. Por ejemplo: el Credo, Ave María, Gloria, etc.
Orar: hablar espontánea y libremente con Dios, dialogar con Él. Es la expresión de nuestra alma.
La oración es el diálogo íntimo y directo con Dios.
Para trabajar: En San Lucas encontramos tres parábolas sobre la oración:
El amigo inoportuno LC.11, 5-13; La viuda inoportuna LC.18, 1-8; El fariseo y el publicano LC.18, 9-14
* ¿Qué es orar?
Orar es hablar con Dios, expresarle con nuestras palabras sencillas y llenas de humildad lo que nuestro corazón quiere decirle. San Juan Damasceno decía que la oración es la elevación del alma hacia Dios.
La oración estuvo siempre presente en la predicación de Jesús y no solo en su predicación sino también en su vida. I queremos aprender a orar y darle la verdadera importancia que la oración tiene para nuestra vida debemos mirar a Jesús. Es Jesús nuestro modelo de oración y nuestro Maestro de oración.
Él siempre oró, en toda circunstancia, en todo momento estuvo en contacto con su Padre Dios. Él nos enseña que para conocer la Voluntad de Dios debemos conversar con Él, hablar con Él y escucharlo.
* Jesús ora:
LC.3, 21 ; LC.9, 28-29; LC.5, 16; LC.6, 12; LC.9, 18; LC.22, 32 ; MC.1, 35 ; MC.6, 46 ; MT.11, 25;
El Hijo de Dios hecho hombre también aprendió a orar conforme a su corazón de hombre. Lo aprende de su Madre, lo aprende en las palabras y en los ritos de la oración de su pueblo. Pero su oración es distinta, como lo deja ver a la edad de doce años cuando dice: “Yo debo estar en las cosas de Mi Padre” (LC.2, 49). En esto revela la plenitud de la oración: la oración de los hijos que hablan con su Padre.
Jesús siempre ora en los momentos decisivos de su misión y esta oración ante los acontecimientos de salvación que el Padre le pide que cumpla es una entrega, humilde y confiada, de su voluntad humana a la voluntad amorosa del Padre. Así nosotros, ante cada situación que nos toca vivir debemos hablar con nuestro Padre y someter nuestra voluntad a la suya.
Estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Maestro, enséñanos a orar” (LC.11, 1). Contemplando al Maestro en oración, el discípulo desea orar.
Con el hecho de su oración, Jesús nos enseña a orar.
* EL HOMBRE DEBE ORAR:
“La oración es el acto propio de la criatura racional, es decir, quien no ora no es plenamente hombre” (Sto. Tomás).
La oración es el reconocimiento de nuestro ser creación, de nuestros límites y de nuestra dependencia: Venimos de Dios, Somos de Dios, Retornamos a Dios. Es reconocernos necesitados de Dios. Por lo tanto no podemos menos que abandonarnos en nuestro creador y Señor con plena confianza.
Ante todo, la oración, es un acto de inteligencia, un sentimiento de humildad y reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono en aquel que nos ha dado la vida por amor.
Es un diálogo de corazón a corazón en el que interviene toda el alma, la inteligencia, la imaginación, la memoria y la voluntad. Es estar a solas con quien sabemos que nos ama.
Así como Jesús mantuvo un diálogo continuo con su Padre, para pedir, para alabar, para dar gracias, en toda circunstancia.
Es acercarnos a Dios como somos, presentarnos ante Él con todas nuestras limitaciones, dificultades, miserias, amor y virtudes y dirigirnos a El como a un amigo, con la seguridad de que su atención está puesta en nosotros. Él nos escucha, está atento a nuestras palabras.
Dios espera tener esa comunicación con nosotros.
* EL HOMBRE NECESITA ORAR
*Como Jesús, también nosotros debemos tratar con el Padre, con confianza y corazón abierto, nuestros problemas, proyectos, trabajos, porque Dios no acostumbra a hablar al alma que no le habla.
*Es necesario orar porque la oración nos conduce a la santidad, porque a través de ella conseguimos los bienes espirituales, la salvación.
*La oración es el cimiento del cristiano, le da firmeza y solidez a la fe. Es un medio poderoso para vencer las luchas interiores: “Si alguien está afligido, que ore. Si está alegre, que cante salmos. Si está enfermo que llame a los presbíteros de la Iglesia para que oren” (Sant.5, 13-14).
*“Con la oración somos poderosos, dueños del querer de Dios” (Sto. Cura de Ars), porque cuando oramos estamos unidos a nuestro Señor Jesucristo que ora por nosotros, ora en nosotros y al mismo tiempo es a Él a quien dirigimos nuestra oración:
*-Ora por nosotros como sacerdote nuestro
*-Ora en nosotros como cabeza nuestra
*-Recibe nuestra oración como nuestro Dios
*No nos extrañe que el demonio haga todo lo posible para hacernos dejar la oración, porque sabe mejor que nosotros, cuan temible es ella al infierno.
*Quien ora no se dejará vencer por las tentaciones del demonio, al contrario tendrá luz para discernir lo que es de DIOS, lo Dios le agrada, lo que Dios quiere.
La Oración es nuestra fortaleza, porque en ella nos encontramos con Dios y con su amor, su misericordia, sus gracias y su voluntad.
* ¿CÓMO ORAR?
Orar es estar con el Señor, pensar en quien tenemos delante, con quien estamos y a quien hablamos.
Orar no es un arte, es recogerse con él y dejarse enamorar y acostumbrarse a su presencia, porque Él nos persigue amorosamente (Ap.3, 20) “He aquí que estoy a la puerta y llamo...”
Es hablar con Él sin usar oraciones aprendidas sino con palabras simples y que expresen con sencillez lo que queremos decir, lo importante es ponerse en su presencia, no importa el lugar porque Dios está de modo inefable en nuestra alma en gracia, pero así como para tratar temas importantes necesitamos un lugar, organización, horario, temario, así también en la oración, para intimar más con el Señor, necesitamos estar menos expuestos a distracciones, “Retírate a tu habitación... (MT.6, 6) y también aprender a callar para escucharlo.
En tu momento de adoración, es el momento oportuno y provechoso para orar, para hablar con el Señor ya que lo tienes cara a cara, Él está allí presente para vos, escuchándote, esperando que le hables como Señor y amigo. ¿Cuántas veces hablas demasiado en tu adoración? ¿Cuántas veces hablas con los demás y no con el Señor? Así como hay palabras para mal gastar el tiempo tantas veces conversando cosas sin sentido, mejor es hablar con el Señor que nos bendice y nos ama.
No es necesario que seamos doctores en letras o que tengamos un curso de oratoria para hablar con Jesús, al contrario, cuanto más sencilla sea tu oración más te acercarás al Señor, entablando con Él un charla de amistad y confianza. No es excusa válida decir “yo no sé orar”, acaso ¿no sabes hablar?
* ¿Cómo debemos disponernos para orar según lo que Jesús nos enseña?Estar en gracia de Dios. Si un pecador no quiere salir del pecado, la oración es un insulto a Dios (MC.11, 25). Nuestro corazón debe estar verdaderamente limpio para hablar con el Señor, sobre todo para poder recibir sus gracias. Imaginemos que entre Dios y nosotros hay un canal por donde debe pasar nuestra oración y la respuesta de Dios. El pecado obstruye ese canal, lo tapa, no permite que nada pase por Él, por lo tanto, ni nuestra oración llegará a Dios ni podremos recibir sus gracias. Por eso, y sobre todo, para adorar a Jesús nuestro Corazón debe estar en gracia de Dios, es decir sin pecado mortal. Aunque Dios ama al pecador, también Él quiere que los pecadores vuelvan a Él, que se alejen del pecado. Y nadie que se encuentra verdaderamente con el Señor permanece presa del pecado y quien ora a Dios se mantiene firme en su Gracia. Si nuestro corazón no está en amistad con Dios no podremos recibir todo lo que Dios tiene para regalarnos, estamos lejos de Él. Y no podemos decir en nuestra oración que amamos a Dios si estamos en pecado, porque si de verdad lo amamos cumplimos sus mandamientos. Dios nos ama y quiere lo mejor para cada uno.
* Conversión del corazón: reconciliarnos con el hermano antes de presentar una ofrenda en el Altar (MT.5, 23-24), amar a nuestros enemigos y orar por ellos (MT.5, 44-45), perdonar de corazón (MT.6, 14-15)
* Prepararse, pensar en Dios, considerar con quien vamos a hablar. Es necesario el silencio interior.
* Confiada (MC.11, 23-24)
* Humilde (LC.18, 9-14). Solamente el que se humilla delante de Dios será escuchado, es necesario dejar la vanagloria para orar.
* Respetuosa: posición, palabras, tono, nacida del amor verdadero
* Recta, en lo que pedimos
* Perseverante (LC.11, 5-8) (LC.18, 1-8)
* Devota, sin muchas palabras. Mejor el silencio que el ruido de nuestras muchas palabras. (MT.6, 7)
* Discreta (MT.6, 7-8) en privado, íntimamente.
Jesús nos instruye para que oremos con un corazón purificado, una fe viva y perseverante y con audacia.
* ¿ORACIÓN O REZO?
Rezo: repetición de formas ya establecidas e impersonales. Son las oraciones que aprendemos de memoria. Por ejemplo: el Credo, Ave María, Gloria, etc.
Orar: hablar espontánea y libremente con Dios, dialogar con Él. Es la expresión de nuestra alma.
La oración es el diálogo íntimo y directo con Dios.
Para trabajar: En San Lucas encontramos tres parábolas sobre la oración:
El amigo inoportuno LC.11, 5-13; La viuda inoportuna LC.18, 1-8; El fariseo y el publicano LC.18, 9-14
MENSAJE CENTRAL DE LA PALABRA DE DIOS: Cristo
Siguiendo con nuestra formación y buscando con ella un mayor provecho en las meditaciones; podemos ver que toda la Palabra de Dios es una gran preparación para el misterio de salvación, es una gran preparación para que Cristo sea reconocido como el Salvador y Mesías anunciado.
Lo que exponemos a continuación son verdades de Jesucristo que aparecen en las Escrituras, tanto en el Antiguo Testamento como símbolo, como en el Nuevo como cumplimiento de lo escrito.
Recordemos que, aunque no es un curso intensivo de Biblia, todo lo que podamos aprender nos servirá para nuestras meditaciones y sobre todo para descubrir a Dios, vivo y presente en su PALABRA y vivo y presente en la EUCARISTÍA. Si logramos encontrarle gusto a nuestras meditaciones, sin dudas, nuestra adoración será a la medida de Dios.
JESÚS EN LA PALABRA DE DIOS
* Desde el principio Dios promete un Salvador. En Gn. 5, 15 encontramos lo que llamamos: PROTOEVANGELIO, es decir, el primer anuncio de la Buena Noticia de la salvación.
* Nuevo Adán (Rom.5, 12-21)
* Palabra (Jn.1, 1-18)
* Principio de todas las cosas (Col.1, 15-20)
* Misterio de salvación (Ef.1, 3-14)
* Señor (Filp.2, 5-11)
* Venido a la tierra: Gn.12, 3; 28, 18; 26, 4; 26, 14
* Origen: Zac.12, 8; Gn.49, 10-11; 2Sam.7, 12-16
* Concepción Divina: Ex.40, 34-38
* Lugar—Belén: Mq.5, 1-5; Zac.2, 8-16
* Dignidad Divina: Is.9, 1-16
* Madre Virgen: Is.7, 14
* Adoración de los Magos: Is.6, 3; 60, 6; Jer.6, 20; 31, 15
* Huida de Egipto: Os.11, 1
* Precursor: El Bautista: Mal.3, 23-24; Ecl.48, 10-11; Is.40, 3
* Anuncio a los pobres: Is.61, 1-2; Zac.9, 9-10
* Rey de paz: Zac.9, 10
* Sacrificio Eucarístico: Zac.9, 15-17; Mal. 1, 11
* Entrada a Jerusalén: Zac.9, 9
* Traición del amigo: Sal.41, 10
* Conspiración: Sal.2, 2
* Precio de la traición: Zac.11, 12-13; Jer.32, 6-15
* Abandono de los discípulos: Zac.13, 7
* Sufrimientos: Sal.22, 7; Is.42, 49; 50; 14
* Sufrimientos- Calvario: Sal.3, 3; 22; 69, 22; Zac.13, 7
* Herida del costado: Zac.12, 10
* Resurrección: Sal.16, 10; 110; 2Sam.7, 12
* Espíritu Santo: Jol.3, 1-5; Ez.11, 19-20; Is.44, 1-3
* Rey: Zac.9, 9; Sal.2, 6; 110
* Profeta: Deut.18, 15
* Sacerdote: Sal.110; Zac.6, 13
* Salvador: Is.33, 4-6; Jol.1, 29
* Triunfo: Sal.22, 28-32; Is.52, 13
* Dios: Sal.2, 2-7; 110
FIGURAS MESIÁNICAS
ð Abel: Figura de Cristo matado por su hermano
ð José: Vendido por sus hermanos
ð Moisés: Conductor del pueblo, mediador
ð Josué: Salvador
ð Jeremías: Despreciado, incomprendido
ð Isaac: Pronto para el sacrificio
ð Melquisedec: Sacerdote
ð Jonás: Tres días en el vientre del pez
ð Cordero Pascual: cordero sacrificado
ð Chivo expiatorio: llevó sobre Él los pecados de todos
ð Maná: pan de vida
ð Nube luminosa, columna de fuego: luz que guía
Estos datos nos ayudan a ver que Cristo siempre estuvo presente en las Escrituras, especialmente en el antiguo Testamento, donde fue anunciado y prefigurado. Con su nacimiento inaugura el Nuevo Testamento y cumple todo lo escrito acerca de Él. Es recomendable que busquemos las citas bíblicas y veamos de qué modo la Iglesia ve en cada una prefiguración de Cristo.
Vamos a ver ahora algunos métodos para la meditación de las Sagradas Escrituras.
¿Cómo leer la Biblia?
Orar: La Biblia no es un libro de historia, ni de ciencia-ficción, ni de preguntas y respuestas. Como Palabra de Dios que es, es necesario leerla en oración, pidiéndole al Señor que ilumine nuestra inteligencia para comprender lo que quiere decirnos.
Leer despacio: sin apurarse, sin leer demasiado, sin preocuparse por la cantidad que se lee, sino preocuparse por entender, aceptar y vivir el mensaje leído. Lo que se aprovecha no es leer muchas páginas a la vez sino pensar en lo que se lee.
Leer con humildad: No para vanagloria, sino para amar más a Dios.
No buscando ciencia sino un mensaje espiritual: La Santa Biblia no tiene respuestas científicas, es un Libro Espiritual que nos enseña qué le gusta y que le disgusta a Dios, y qué debemos hacer para ser sus amigos.
Leer todos los días: porque el enemigo del alma es astuto y cada día pondrá alguna excusa para no leer, por ejemplo: “ estoy cansado”, “no tengo ganas”, etc. Y así pasan los días y al final del año no habremos leído nada y nos quedaremos sin aumentar nuestro amor a Dios y al prójimo y sin romper con nuestros pecados y sin progresar en la vida espiritual.
Meditar: a la luz del Espíritu Santo descubrir qué es lo que Dios me está diciendo en este pasaje bíblico. Si no le sacamos provecho a la lectura de la Biblia, entonces, solo estaremos leyendo a modo de información.
MÉTODOS QUE PODEMOS UTILIZAR PARA LEER TODA LA BIBLIA
& Plan para una lectura total de la Biblia en el transcurso de tres años, leyendo un promedio aproximado de ocho capítulos por semana.
AÑO I: Marcos, Mateo, Lucas, Hechos, I y II Tesalonicenses, Filipenses, Filemón, I y II Corintios, Gálatas, Romanos, Santiago, I Pedro, Juan, I-II y III Juan, Hebreos, Efesios, Colosenses, I y II Timoteo, Tito, Judas, II Pedro, Apocalipsis, Génesis, Éxodo, Levítico, Números.
AÑO II: Josué, Jueces, I y II Samuel, I Reyes, II Reyes, Proverbios, Amós, Oseas, Miqueas, Isaías I-39, Habacuc, Safonías, Nahum, II Reyes 18-21, Deuteronomio, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel
AÑO III: Isaías 40-55, I y II Crónicas, Esdras, Nehemías, Ageo, Zacarías 1-8, Jonás, Rut, Isaías 56-66, Job, Eclesiastés, Cantar, Zacarías 9-14, Ester, Malaquías, Joel, Abdías, Judit, Tobías, Baruc, I y II Macabeos, Daniel, Eclesiástico, Sabiduría.El libro de los Salmos se lee a lo largo de los tres años.
& Litúrgico
Leer la Palabra indicada por la Iglesia para cada día, en tres años leemos la Biblia, según el orden de la Historia de la Salvación.
& Cristologico
1. Comenzar por los Evangelios
2. Hechos de los Apóstoles
3. Cartas Paulinas en el orden presentado por la Biblia
4. Cartas católicas
5. Apocalipsis
6. Los Profetas, según el orden de la Biblia
7. Libros históricos
8. El Pentateuco, es decir los cinco primeros Libros de la Biblia
9. Libros Sapienciales
Solamente después de haber leído en este orden puedes leerla de principio a fin
¿CÓMO SACAR PROVECHO DEL PASAJE BIBLICO?
LECTURA: lenta, pensando en lo que estoy leyendo
ENTRAR EN EL TEXTO: con la imaginación represento mentalmente la escena que acabo de leer
IDENTIFICARME: con un personaje, una frase, una palabra que resonó en Mi interior. Buscar el por qué, cómo...
PROPÓSITO: de la enseñanza recibida saco un propósito concreto que me ayude a estar unido a Jesús, que ilumine Mi jornada.
a El Secreto para ser fiel
En la mañana: “Sin Palabra, no hay desayuno”
En la noche: “Sin Palabra, no hay cama”
Hermanos Adoradores: con todo esto creemos que Dios nos ha dado la gracia de poder comprender y meditar su Palabra. Que tu adoración esté llena de amor y fervor, y tu corazón abierto y deseoso de escuchar a Dios y vivir sus enseñanzas.
Póstrate ante el Señor y dale gracias por tanto amor, por estar presente para ti en este momento, por elegirte para que lo adores y por enseñarte a ser verdadero cristiano con su Palabra.
Que tu tiempo no pase solamente, sino que tu tiempo tenga un dueño, el único dueño verdadero del tiempo que es el Señor y sobre todo, que tu corazón se enamore más y más de Él.
Alabado sea el Santísimo Sacramento del ALTAR.
Siguiendo con nuestra formación y buscando con ella un mayor provecho en las meditaciones; podemos ver que toda la Palabra de Dios es una gran preparación para el misterio de salvación, es una gran preparación para que Cristo sea reconocido como el Salvador y Mesías anunciado.
Lo que exponemos a continuación son verdades de Jesucristo que aparecen en las Escrituras, tanto en el Antiguo Testamento como símbolo, como en el Nuevo como cumplimiento de lo escrito.
Recordemos que, aunque no es un curso intensivo de Biblia, todo lo que podamos aprender nos servirá para nuestras meditaciones y sobre todo para descubrir a Dios, vivo y presente en su PALABRA y vivo y presente en la EUCARISTÍA. Si logramos encontrarle gusto a nuestras meditaciones, sin dudas, nuestra adoración será a la medida de Dios.
JESÚS EN LA PALABRA DE DIOS
* Desde el principio Dios promete un Salvador. En Gn. 5, 15 encontramos lo que llamamos: PROTOEVANGELIO, es decir, el primer anuncio de la Buena Noticia de la salvación.
* Nuevo Adán (Rom.5, 12-21)
* Palabra (Jn.1, 1-18)
* Principio de todas las cosas (Col.1, 15-20)
* Misterio de salvación (Ef.1, 3-14)
* Señor (Filp.2, 5-11)
* Venido a la tierra: Gn.12, 3; 28, 18; 26, 4; 26, 14
* Origen: Zac.12, 8; Gn.49, 10-11; 2Sam.7, 12-16
* Concepción Divina: Ex.40, 34-38
* Lugar—Belén: Mq.5, 1-5; Zac.2, 8-16
* Dignidad Divina: Is.9, 1-16
* Madre Virgen: Is.7, 14
* Adoración de los Magos: Is.6, 3; 60, 6; Jer.6, 20; 31, 15
* Huida de Egipto: Os.11, 1
* Precursor: El Bautista: Mal.3, 23-24; Ecl.48, 10-11; Is.40, 3
* Anuncio a los pobres: Is.61, 1-2; Zac.9, 9-10
* Rey de paz: Zac.9, 10
* Sacrificio Eucarístico: Zac.9, 15-17; Mal. 1, 11
* Entrada a Jerusalén: Zac.9, 9
* Traición del amigo: Sal.41, 10
* Conspiración: Sal.2, 2
* Precio de la traición: Zac.11, 12-13; Jer.32, 6-15
* Abandono de los discípulos: Zac.13, 7
* Sufrimientos: Sal.22, 7; Is.42, 49; 50; 14
* Sufrimientos- Calvario: Sal.3, 3; 22; 69, 22; Zac.13, 7
* Herida del costado: Zac.12, 10
* Resurrección: Sal.16, 10; 110; 2Sam.7, 12
* Espíritu Santo: Jol.3, 1-5; Ez.11, 19-20; Is.44, 1-3
* Rey: Zac.9, 9; Sal.2, 6; 110
* Profeta: Deut.18, 15
* Sacerdote: Sal.110; Zac.6, 13
* Salvador: Is.33, 4-6; Jol.1, 29
* Triunfo: Sal.22, 28-32; Is.52, 13
* Dios: Sal.2, 2-7; 110
FIGURAS MESIÁNICAS
ð Abel: Figura de Cristo matado por su hermano
ð José: Vendido por sus hermanos
ð Moisés: Conductor del pueblo, mediador
ð Josué: Salvador
ð Jeremías: Despreciado, incomprendido
ð Isaac: Pronto para el sacrificio
ð Melquisedec: Sacerdote
ð Jonás: Tres días en el vientre del pez
ð Cordero Pascual: cordero sacrificado
ð Chivo expiatorio: llevó sobre Él los pecados de todos
ð Maná: pan de vida
ð Nube luminosa, columna de fuego: luz que guía
Estos datos nos ayudan a ver que Cristo siempre estuvo presente en las Escrituras, especialmente en el antiguo Testamento, donde fue anunciado y prefigurado. Con su nacimiento inaugura el Nuevo Testamento y cumple todo lo escrito acerca de Él. Es recomendable que busquemos las citas bíblicas y veamos de qué modo la Iglesia ve en cada una prefiguración de Cristo.
Vamos a ver ahora algunos métodos para la meditación de las Sagradas Escrituras.
¿Cómo leer la Biblia?
Orar: La Biblia no es un libro de historia, ni de ciencia-ficción, ni de preguntas y respuestas. Como Palabra de Dios que es, es necesario leerla en oración, pidiéndole al Señor que ilumine nuestra inteligencia para comprender lo que quiere decirnos.
Leer despacio: sin apurarse, sin leer demasiado, sin preocuparse por la cantidad que se lee, sino preocuparse por entender, aceptar y vivir el mensaje leído. Lo que se aprovecha no es leer muchas páginas a la vez sino pensar en lo que se lee.
Leer con humildad: No para vanagloria, sino para amar más a Dios.
No buscando ciencia sino un mensaje espiritual: La Santa Biblia no tiene respuestas científicas, es un Libro Espiritual que nos enseña qué le gusta y que le disgusta a Dios, y qué debemos hacer para ser sus amigos.
Leer todos los días: porque el enemigo del alma es astuto y cada día pondrá alguna excusa para no leer, por ejemplo: “ estoy cansado”, “no tengo ganas”, etc. Y así pasan los días y al final del año no habremos leído nada y nos quedaremos sin aumentar nuestro amor a Dios y al prójimo y sin romper con nuestros pecados y sin progresar en la vida espiritual.
Meditar: a la luz del Espíritu Santo descubrir qué es lo que Dios me está diciendo en este pasaje bíblico. Si no le sacamos provecho a la lectura de la Biblia, entonces, solo estaremos leyendo a modo de información.
MÉTODOS QUE PODEMOS UTILIZAR PARA LEER TODA LA BIBLIA
& Plan para una lectura total de la Biblia en el transcurso de tres años, leyendo un promedio aproximado de ocho capítulos por semana.
AÑO I: Marcos, Mateo, Lucas, Hechos, I y II Tesalonicenses, Filipenses, Filemón, I y II Corintios, Gálatas, Romanos, Santiago, I Pedro, Juan, I-II y III Juan, Hebreos, Efesios, Colosenses, I y II Timoteo, Tito, Judas, II Pedro, Apocalipsis, Génesis, Éxodo, Levítico, Números.
AÑO II: Josué, Jueces, I y II Samuel, I Reyes, II Reyes, Proverbios, Amós, Oseas, Miqueas, Isaías I-39, Habacuc, Safonías, Nahum, II Reyes 18-21, Deuteronomio, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel
AÑO III: Isaías 40-55, I y II Crónicas, Esdras, Nehemías, Ageo, Zacarías 1-8, Jonás, Rut, Isaías 56-66, Job, Eclesiastés, Cantar, Zacarías 9-14, Ester, Malaquías, Joel, Abdías, Judit, Tobías, Baruc, I y II Macabeos, Daniel, Eclesiástico, Sabiduría.El libro de los Salmos se lee a lo largo de los tres años.
& Litúrgico
Leer la Palabra indicada por la Iglesia para cada día, en tres años leemos la Biblia, según el orden de la Historia de la Salvación.
& Cristologico
1. Comenzar por los Evangelios
2. Hechos de los Apóstoles
3. Cartas Paulinas en el orden presentado por la Biblia
4. Cartas católicas
5. Apocalipsis
6. Los Profetas, según el orden de la Biblia
7. Libros históricos
8. El Pentateuco, es decir los cinco primeros Libros de la Biblia
9. Libros Sapienciales
Solamente después de haber leído en este orden puedes leerla de principio a fin
¿CÓMO SACAR PROVECHO DEL PASAJE BIBLICO?
LECTURA: lenta, pensando en lo que estoy leyendo
ENTRAR EN EL TEXTO: con la imaginación represento mentalmente la escena que acabo de leer
IDENTIFICARME: con un personaje, una frase, una palabra que resonó en Mi interior. Buscar el por qué, cómo...
PROPÓSITO: de la enseñanza recibida saco un propósito concreto que me ayude a estar unido a Jesús, que ilumine Mi jornada.
a El Secreto para ser fiel
En la mañana: “Sin Palabra, no hay desayuno”
En la noche: “Sin Palabra, no hay cama”
Hermanos Adoradores: con todo esto creemos que Dios nos ha dado la gracia de poder comprender y meditar su Palabra. Que tu adoración esté llena de amor y fervor, y tu corazón abierto y deseoso de escuchar a Dios y vivir sus enseñanzas.
Póstrate ante el Señor y dale gracias por tanto amor, por estar presente para ti en este momento, por elegirte para que lo adores y por enseñarte a ser verdadero cristiano con su Palabra.
Que tu tiempo no pase solamente, sino que tu tiempo tenga un dueño, el único dueño verdadero del tiempo que es el Señor y sobre todo, que tu corazón se enamore más y más de Él.
Alabado sea el Santísimo Sacramento del ALTAR.
LA PALABRA DE DIOS
Es bueno y provechoso que sigamos conociendo lo que la Iglesia enseña acerca de la Palabra de Dios. Ya hemos visto acerca de los Evangelios, que es la parte de la Sagrada Biblia que nos acerca a nuestro Salvador y Redentor, Jesucristo. Ahora vamos a ver acerca de la Palabra de Dios en su totalidad. Aunque bien sabemos que no es un curso extensivo de Biblia, pero si nos puede aclarar muchas cosas que a veces pueden confundir nuestras meditaciones. Dios está presente en su Palabra porque es todo lo que Él quiere decirnos y mostrarnos de su infinito amor por nosotros. Por eso, la Santa Biblia para nosotros no es un simple libro, sino la Palabra de Dios, Palabra viva y eficaz, Palabra Verdadera y Luz de nuestros pasos para alcanzar la vida eterna.
& ¿Qué significa la Palabra Biblia?
Biblia es una palabra griega que significa Libros. Hoy Biblia significa libro santo.
& ¿Quién es el autor de la Biblia?
El autor de la Biblia es Dios mismo. Dios ha inspirado a los autores humanos (los cuales reciben el nombre de HAGIOGRAFO) de los Libros Sagrados. En la composición de los Libros Sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban todas sus facultades y talentos, los cuales pusieron por escrito todo y solo lo que Dios quería revelarnos. En la Sagrada Escritura Dios habla al hombre a la manera de los hombres. Por tanto para interpretar bien las Escrituras, es necesario que estemos bien atentos a lo que los autores sagrados quisieron verdaderamente afirmar con lo que han escrito, y a lo que Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras, ya que su manera de expresarse, su lenguaje no fueron cambiados, sino usados por Dios para poner por escrito lo que Él quería decirnos. Por eso, necesitamos la Luz del Espíritu Santo y las enseñanzas de la Iglesia para interpretar debida y provechosamente la Palabra de Dios. Por ejemplo: Ex. 15, 1-21. El canto de Moisés. Si lo leemos como una simple información, podemos desembocar en que Dios es un Dios sádico, un Dios que para salvar a unos no mide la muerte de los otros, al contrario los hace polvo… Hay expresiones que hasta pueden impresionarnos, como por ejemplo: “se hundieron como plomo en las aguas formidables…”…”derribas a tus adversarios, desatas tu furor, que los consume como paja…”
Estas expresiones quieren poner a la vista de todos, el gran poder de Dios, las obras que Él hace por su pueblo. Es el lenguaje del momento. Si nos ponemos a ver estos párrafos a la luz de nuestra vida, en muchas circunstancias somos los adversarios de DIOS, sobre todo en el pecado, y hasta ahora no nos ha arrojado al mar para que nos hundiéramos como plomo ni nos ha alcanzado su furor para que nos consuma como paja. Es decir, una cosa es lo que la Biblia dice y otra lo que ella enseña.
Otro ejemplo puede ser el relato de la creación, donde lo esencial no es en cuantos días se creó el mundo sino que Dios es el Creador, etc.
En la Sagrada Escritura Dios habla al hombre a la manera de los hombres.
Podemos pensar que si los autores sagrados hubieran sido argentinos, habría muchas expresiones nuestras que otros no entenderían, tal vez refranes o el “che” que usamos a menudo.
¿Cómo se divide la santa Biblia?
Como su nombre lo indica la Biblia es una biblioteca, contiene 73 libros en total, esta lista integral es llamada canon de las escrituras. Este CANON fue confeccionado por La Iglesia, ella ha sido la encargada de discernir qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos. Se divide en Antiguo Testamento (46 libros) y Nuevo Testamento (27 Libros). Estos Libros están divididos en capítulos, representados por un número grande y a su vez se dividen en versículos representados por números pequeños.
El Antiguo Testamento ¿Es Palabra de Dios para los Cristianos?
Sí. Es una parte de la Sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus Libros son divinamente inspirados. En todo el Antiguo Testamento vemos como Dios “educa” a su pueblo y lo guía hacia el momento clave de toda la historia que es la venida del Salvador. Desde sus orígenes, la Iglesia afirma que solo desde Cristo se puede entender el Antiguo Testamento. Jesús da su pleno significado a toda la historia del pueblo de Dios. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que el Nuevo da cumplimiento al Antiguo; los dos se esclarecen mutuamente; los dos son verdadera Palabra de Dios.
El fin principal de todo lo que Dios revela en el Antiguo testamento, es preparar la venida de Cristo y aunque contiene elementos imperfectos y pasajeros, los libros del Antiguo Testamento. dan testimonio de toda la divina enseñanza del amor salvífico de Dios. Contienen enseñanzas sublimes sobre Dios y una sabiduría salvadora acerca del hombre, encierran tesoros de oración y esconden el misterio de nuestra salvación.
La Biblia cuenta con distintos GÉNEROS LITERARIO: Conocemos como Géneros Literarios a la manera de expresarse el autor del Libro. Estos son:
Ø Histórico: narra la historia del pueblo elegido. Siempre hay un mensaje que Dios quiere anunciarnos a través de estos hechos. Por ejemplo: Pentateuco (es decir: los cinco primeros Libros de la Biblia), los Profetas. Israel descubrió la presencia de Dios interpretando los acontecimientos de la historia. Descubrió esa Palabra de Dios que interpela y le dice: “YO TE AMO”. Por eso la Biblia no es un libro científico ni es una historia según nuestros criterios, es una historia Sagrada, donde los autores, tomando hechos de su vida y movidos por el Espíritu Santo escribieron para nuestra edificación.
Ø Poético: Algunos Libros son poemas. Poesías (Salmos, Cantar de los Cantares) estos son poesía lírica. También hay Libros que son poesía didáctica, de enseñanza como por ejemplo el Libro de la Sabiduría, los Proverbios. Ellos contienen enseñanzas y se presenta en forma de sentencia. Ej: “Adquirir sabiduría vale más que el oro fino, adquirir inteligencia es preferible a la plata” (Prov.16, 16)
Ø Legal: son Libros de prescripciones, órdenes, preceptos dados por Dios. (Levítico, Números, Deuteronomio) allí se narra todo lo que Dios le iba ordenando a su pueblo, son libros llenos de datos y detalles para la vida del pueblo de Dios. Allí se encuentran los diez mandamientos de la Ley de Dios.
Ø Profético: contiene datos sobre los profetas, sobre el ambiente que lo rodea y al cual es enviado a hablar en nombre de Dios y el ORÁCULO (es decir: lo que Dios quería decir por medio de ellos) que es lo verdaderamente profético y tiene la característica de ser oscuro, también para el profeta. Muchas veces no comprendidos por el lenguaje, por las expresiones y por las cosas que tenían que hacer según Dios les mandaba, sobre todo pidiendo al pueblo la conversión, la vuelta a Dios, el alejamiento de los ídolos.
Ø Apocalíptico: contiene visiones extraordinarias (Apocalipsis, Daniel, Ezequiel). También es un lenguaje lleno de descripciones pero poco entendible, sin embargo lleno d enseñanzas y esperanzas.
Teniendo en cuenta estos géneros literarios podemos decir que “una cosa es lo que la Biblia dice y otra cosa es lo que la Biblia enseña”. De esto se desglosa que la Santa Biblia tiene dos sentidos: el sentido literal y el sentido espiritual de toda la Escritura.
Ø ¿Qué es el sentido literal de la Escritura?
Es el sentido significado por las palabras de las escrituras, es decir lo que se lee sin interpretar. Es lo que entendemos literalmente, así como está escrito, sin cambios y sin interpretaciones.
Ø ¿Qué es el sentido espiritual de la Escritura?
Gracias a la unidad del designio de Dios, no solamente el texto de la Escritura, sino también las realidades y los acontecimientos de los que habla, pueden ser signos para nosotros. Es lo que Dios quiere decirnos a través de los acontecimientos. . El sentido espiritual está subdividido en:
Ø Alegórico: esto quiere decir que hay símbolos, figuras que podemos comprender más profundamente si los vemos desde Cristo, que es el cumplimiento de todo lo que de Él se dice en el Antiguo Testamento. Por Ej: El paso del mar rojo es signo de la victoria de Cristo y por ello del Bautismo (1Cor.10, 2).
Ø Moral: los acontecimientos narrados pueden conducirnos a un obrar justo. “Fueron escritos para nuestra instrucción” (1Cor.10, 11).
Ø Anagógico: podemos ver realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce hacia nuestra patria. Así, la Iglesia en la tierra es signo de la Jerusalén celeste. (Ap.21, 1).
Hermanos Adoradores:
Dios ha querido hablarnos de muchas maneras, ha dejado por escrito todo lo que de Él debemos conocer. Pero Dios también nos ha hablado de una manera especial y claramente, de una vez por todas, en Cristo Jesús, su Hijo verdadero, su Enviado, nuestro Salvador.
Jesús es el Verbo de Dios, la Palabra de Dios hecha carne, hecha hombre para que los hombres podamos acercarnos a Dios, para que podamos entender sus enseñanzas, para que podamos vivir como hijos de Dios.
Esta Palabra hecha carne está frente a nosotros en la Eucaristía, Aquel que une el Antiguo Testamento con el Nuevo, Aquel de quien hablaron los profetas, Aquel que es el mensaje central de toda la Santa Biblia, está vivo y presente en el Santísimo SACRAMENTO.
Adorémoslo y meditemos sus enseñanzas para que nuestra vida sea un canto de alabanza y gratitud por su gran amor y por todo lo que Él hace por nosotros. Que nuestra adoración sea verdadera, fervorosa y en Espíritu para que Dios sea verdaderamente adorado. O te distraigas con cosas que no tienen sentido, medita las Sagradas Escrituras y glorifica a Dios con tu santidad, santidad que aprendes de tu lectura fervorosa de la Palabra de Dios.
Es bueno y provechoso que sigamos conociendo lo que la Iglesia enseña acerca de la Palabra de Dios. Ya hemos visto acerca de los Evangelios, que es la parte de la Sagrada Biblia que nos acerca a nuestro Salvador y Redentor, Jesucristo. Ahora vamos a ver acerca de la Palabra de Dios en su totalidad. Aunque bien sabemos que no es un curso extensivo de Biblia, pero si nos puede aclarar muchas cosas que a veces pueden confundir nuestras meditaciones. Dios está presente en su Palabra porque es todo lo que Él quiere decirnos y mostrarnos de su infinito amor por nosotros. Por eso, la Santa Biblia para nosotros no es un simple libro, sino la Palabra de Dios, Palabra viva y eficaz, Palabra Verdadera y Luz de nuestros pasos para alcanzar la vida eterna.
& ¿Qué significa la Palabra Biblia?
Biblia es una palabra griega que significa Libros. Hoy Biblia significa libro santo.
& ¿Quién es el autor de la Biblia?
El autor de la Biblia es Dios mismo. Dios ha inspirado a los autores humanos (los cuales reciben el nombre de HAGIOGRAFO) de los Libros Sagrados. En la composición de los Libros Sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban todas sus facultades y talentos, los cuales pusieron por escrito todo y solo lo que Dios quería revelarnos. En la Sagrada Escritura Dios habla al hombre a la manera de los hombres. Por tanto para interpretar bien las Escrituras, es necesario que estemos bien atentos a lo que los autores sagrados quisieron verdaderamente afirmar con lo que han escrito, y a lo que Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras, ya que su manera de expresarse, su lenguaje no fueron cambiados, sino usados por Dios para poner por escrito lo que Él quería decirnos. Por eso, necesitamos la Luz del Espíritu Santo y las enseñanzas de la Iglesia para interpretar debida y provechosamente la Palabra de Dios. Por ejemplo: Ex. 15, 1-21. El canto de Moisés. Si lo leemos como una simple información, podemos desembocar en que Dios es un Dios sádico, un Dios que para salvar a unos no mide la muerte de los otros, al contrario los hace polvo… Hay expresiones que hasta pueden impresionarnos, como por ejemplo: “se hundieron como plomo en las aguas formidables…”…”derribas a tus adversarios, desatas tu furor, que los consume como paja…”
Estas expresiones quieren poner a la vista de todos, el gran poder de Dios, las obras que Él hace por su pueblo. Es el lenguaje del momento. Si nos ponemos a ver estos párrafos a la luz de nuestra vida, en muchas circunstancias somos los adversarios de DIOS, sobre todo en el pecado, y hasta ahora no nos ha arrojado al mar para que nos hundiéramos como plomo ni nos ha alcanzado su furor para que nos consuma como paja. Es decir, una cosa es lo que la Biblia dice y otra lo que ella enseña.
Otro ejemplo puede ser el relato de la creación, donde lo esencial no es en cuantos días se creó el mundo sino que Dios es el Creador, etc.
En la Sagrada Escritura Dios habla al hombre a la manera de los hombres.
Podemos pensar que si los autores sagrados hubieran sido argentinos, habría muchas expresiones nuestras que otros no entenderían, tal vez refranes o el “che” que usamos a menudo.
¿Cómo se divide la santa Biblia?
Como su nombre lo indica la Biblia es una biblioteca, contiene 73 libros en total, esta lista integral es llamada canon de las escrituras. Este CANON fue confeccionado por La Iglesia, ella ha sido la encargada de discernir qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos. Se divide en Antiguo Testamento (46 libros) y Nuevo Testamento (27 Libros). Estos Libros están divididos en capítulos, representados por un número grande y a su vez se dividen en versículos representados por números pequeños.
El Antiguo Testamento ¿Es Palabra de Dios para los Cristianos?
Sí. Es una parte de la Sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus Libros son divinamente inspirados. En todo el Antiguo Testamento vemos como Dios “educa” a su pueblo y lo guía hacia el momento clave de toda la historia que es la venida del Salvador. Desde sus orígenes, la Iglesia afirma que solo desde Cristo se puede entender el Antiguo Testamento. Jesús da su pleno significado a toda la historia del pueblo de Dios. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que el Nuevo da cumplimiento al Antiguo; los dos se esclarecen mutuamente; los dos son verdadera Palabra de Dios.
El fin principal de todo lo que Dios revela en el Antiguo testamento, es preparar la venida de Cristo y aunque contiene elementos imperfectos y pasajeros, los libros del Antiguo Testamento. dan testimonio de toda la divina enseñanza del amor salvífico de Dios. Contienen enseñanzas sublimes sobre Dios y una sabiduría salvadora acerca del hombre, encierran tesoros de oración y esconden el misterio de nuestra salvación.
La Biblia cuenta con distintos GÉNEROS LITERARIO: Conocemos como Géneros Literarios a la manera de expresarse el autor del Libro. Estos son:
Ø Histórico: narra la historia del pueblo elegido. Siempre hay un mensaje que Dios quiere anunciarnos a través de estos hechos. Por ejemplo: Pentateuco (es decir: los cinco primeros Libros de la Biblia), los Profetas. Israel descubrió la presencia de Dios interpretando los acontecimientos de la historia. Descubrió esa Palabra de Dios que interpela y le dice: “YO TE AMO”. Por eso la Biblia no es un libro científico ni es una historia según nuestros criterios, es una historia Sagrada, donde los autores, tomando hechos de su vida y movidos por el Espíritu Santo escribieron para nuestra edificación.
Ø Poético: Algunos Libros son poemas. Poesías (Salmos, Cantar de los Cantares) estos son poesía lírica. También hay Libros que son poesía didáctica, de enseñanza como por ejemplo el Libro de la Sabiduría, los Proverbios. Ellos contienen enseñanzas y se presenta en forma de sentencia. Ej: “Adquirir sabiduría vale más que el oro fino, adquirir inteligencia es preferible a la plata” (Prov.16, 16)
Ø Legal: son Libros de prescripciones, órdenes, preceptos dados por Dios. (Levítico, Números, Deuteronomio) allí se narra todo lo que Dios le iba ordenando a su pueblo, son libros llenos de datos y detalles para la vida del pueblo de Dios. Allí se encuentran los diez mandamientos de la Ley de Dios.
Ø Profético: contiene datos sobre los profetas, sobre el ambiente que lo rodea y al cual es enviado a hablar en nombre de Dios y el ORÁCULO (es decir: lo que Dios quería decir por medio de ellos) que es lo verdaderamente profético y tiene la característica de ser oscuro, también para el profeta. Muchas veces no comprendidos por el lenguaje, por las expresiones y por las cosas que tenían que hacer según Dios les mandaba, sobre todo pidiendo al pueblo la conversión, la vuelta a Dios, el alejamiento de los ídolos.
Ø Apocalíptico: contiene visiones extraordinarias (Apocalipsis, Daniel, Ezequiel). También es un lenguaje lleno de descripciones pero poco entendible, sin embargo lleno d enseñanzas y esperanzas.
Teniendo en cuenta estos géneros literarios podemos decir que “una cosa es lo que la Biblia dice y otra cosa es lo que la Biblia enseña”. De esto se desglosa que la Santa Biblia tiene dos sentidos: el sentido literal y el sentido espiritual de toda la Escritura.
Ø ¿Qué es el sentido literal de la Escritura?
Es el sentido significado por las palabras de las escrituras, es decir lo que se lee sin interpretar. Es lo que entendemos literalmente, así como está escrito, sin cambios y sin interpretaciones.
Ø ¿Qué es el sentido espiritual de la Escritura?
Gracias a la unidad del designio de Dios, no solamente el texto de la Escritura, sino también las realidades y los acontecimientos de los que habla, pueden ser signos para nosotros. Es lo que Dios quiere decirnos a través de los acontecimientos. . El sentido espiritual está subdividido en:
Ø Alegórico: esto quiere decir que hay símbolos, figuras que podemos comprender más profundamente si los vemos desde Cristo, que es el cumplimiento de todo lo que de Él se dice en el Antiguo Testamento. Por Ej: El paso del mar rojo es signo de la victoria de Cristo y por ello del Bautismo (1Cor.10, 2).
Ø Moral: los acontecimientos narrados pueden conducirnos a un obrar justo. “Fueron escritos para nuestra instrucción” (1Cor.10, 11).
Ø Anagógico: podemos ver realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce hacia nuestra patria. Así, la Iglesia en la tierra es signo de la Jerusalén celeste. (Ap.21, 1).
Hermanos Adoradores:
Dios ha querido hablarnos de muchas maneras, ha dejado por escrito todo lo que de Él debemos conocer. Pero Dios también nos ha hablado de una manera especial y claramente, de una vez por todas, en Cristo Jesús, su Hijo verdadero, su Enviado, nuestro Salvador.
Jesús es el Verbo de Dios, la Palabra de Dios hecha carne, hecha hombre para que los hombres podamos acercarnos a Dios, para que podamos entender sus enseñanzas, para que podamos vivir como hijos de Dios.
Esta Palabra hecha carne está frente a nosotros en la Eucaristía, Aquel que une el Antiguo Testamento con el Nuevo, Aquel de quien hablaron los profetas, Aquel que es el mensaje central de toda la Santa Biblia, está vivo y presente en el Santísimo SACRAMENTO.
Adorémoslo y meditemos sus enseñanzas para que nuestra vida sea un canto de alabanza y gratitud por su gran amor y por todo lo que Él hace por nosotros. Que nuestra adoración sea verdadera, fervorosa y en Espíritu para que Dios sea verdaderamente adorado. O te distraigas con cosas que no tienen sentido, medita las Sagradas Escrituras y glorifica a Dios con tu santidad, santidad que aprendes de tu lectura fervorosa de la Palabra de Dios.
María, la Hija de Dios.
Ella nos muestra el verdadero ser hijos de Dios. Con su pureza, obediencia, sumisión, docilidad y sobre todas las cosas la sencillez y humildad características; muy propias de ella, nos va indicando el camino de una verdadera vida filial con Dios.
Como hija de Dios, María, en primer lugar nos deja ver en su actuar cotidiano; actuar que nace de mi imaginación, la relación íntima de hija a Padre y de Padre a Hija.
Deseo expresar algunas referencias de mi imaginación acerca de la relación de María con Dios. Me la imagino totalmente feliz de encontrarse con su Padre ¿dónde? En la ORACIÓN ¿Cuándo? SIEMPRE ¿Por qué? Porque consideraba una NECESARIA OBLIGACIÓN DE AMOR ir al encuentro con su Padre.
Como cada uno de nosotros, que tenemos esa urgencia o necesidad de ver a nuestros padres, o al menos así debería ser; todos los días si es posible. O algún llamadito por teléfono, o una carta si estamos lejos, o un e-mail en este tiempo. Nos tenemos que comunicar, no los tenemos que sentir lejos, tenemos esa necesidad de sentirnos partes de nuestros padres y que ellos se sientan parte nuestra. Tenemos la inquietud de hacerlos sentir bien, de que nos ocupamos de ellos, que estamos atentos a sus necesidades. Y muchas veces, ya crecidos los hijos, necesitamos recibir sus consejos, sus opiniones.
Muchas veces los extrañamos y queremos tenerlos cerca y eso nos motiva a comunicarnos con nuestros padres de alguna manera, vamos viendo la forma de acercarnos aún a pesar de la lejanía. Muchas veces planeamos las vacaciones para estar y compartir con nuestros padres después de un largo tiempo sin verlos.
Es decir, nuestros padres son parte esencial de nuestra vida, autores de nuestra existencia, merecedores de nuestra atención.
Hecha esta referencia, entonces, me imagino María con esta relación con su Padre Dios. Relación que la lleva a discernir y conocer muy bien la voluntad de su Padre. Como quien dice “te conozco, conozco tus gustos” así María conoce la voluntad de Dios.
Al ir al encuentro de Dios su Padre se deja enseñar por Él, seguramente le pediría consejos para actuar como a Él le agrada. Seguramente no hubo ni habrá mujer más obsequiosa con su Padre celestial que María Santísima, su vida un regalo para Dios, todo en ella le pertenecía y le pertenece.
De esa relación Padre-Hija nace la prontitud en reconocer las cosas de Dios, la llamada de Dios y la sencillez en la respuesta. Ella tiene la certeza, más que nadie, de que Dios no nos pedirá nada que no podamos hacer y que todo lo que pide es porque Él lo hará. Y su prontitud en la respuesta es su cualidad mayor, su sencillez. Simplemente dice sí, porque su sí es para su Padre y un Padre nunca pide cosas malas a sus hijos ¿habrá entonces motivos para poner resistencia al pedido del Padre? Absolutamente no.
Es digno de imaginar la felicidad, el gozo interior que la desborda, como lo dice en el Magníficat, el hecho de poder encontrarse con su Padre. Porque no se me ocurre imaginar que el Magníficat es un canto que lo hace en ese momento porque como decimos “le cayó la ficha”… A María Santísima la ficha le cayó, si es que vale la expresión, desde siempre. Porque su gozo, su proclamación de la grandeza del Señor, el alma elevada a Dios y todo lo que dice en su canto no es que lo pensó en ese momento o que le produjo decirlo porque Isabel la elogió. No. María siempre, siempre proclamó la grandeza del Señor. Con su existencia proclamó y proclama la grandeza del Señor y su espíritu se alegró y se alegra en Dios, su Salvador.
Es por esto que, si miramos a María, podemos aprender en su escuela a ser buenos Hijos de Dios.
Siempre deseamos que hayan escuelas para padres, escuela para conductores, escuela para teatro, escuela para idiomas, escuelas… etc.… y tenemos una maravillosa escuela para ser hijos de Dios a la cual no concurrimos, ni miramos, ni advertimos muchas veces.
Si queremos ser buenos hijos, miremos a la Hija.
Y la sencillez con la que se acerca al Padre: nada de palabras rebuscadas, nada de tiempos medidos, nada de propuestas tontas o pretenciosas, nada de imposiciones o cuestionamientos, nada de dudas o desconfianzas. María se acerca a Dios realmente como lo que Él es, un Padre. Y ella se acerca también como lo que es, la Hija. Así de sencillo. Así como es ella.
María, como hija nos enseña a tener una relación personal con el Padre; Ella nos muestra cuánta comunión puede haber entre la criatura con su creador; de los hijos con su Padre.
Con su relación filial nos dice que nuestra vida debe ser totalmente filial, que nuestra relación con Dios no debe ser como con un jefe o un ser extraterrestre que nada tiene que ver con nosotros, sino de un ser que nos ama y está a nuestro lado todos los días de nuestra vida, que nos habla si lo escuchamos, que nos mima si nos acercamos, que nos muestra su plan de amor si se lo permitimos; y que tiene todo el derecho de pedirnos cosas, actitudes, misión… lo que Él quiera porque como Padre sabe lo mejor y quiere lo mejor para cada uno de sus hijos. Y como hijos debemos responderle con generosidad, ya que debemos agradar al Padre con nuestras obras, como lo hizo María.
¡Qué gracia enorme tenemos en María! La hija que nos muestra e ilumina el camino a los hijos, a cada uno de nosotros, para poder llegar a Dios nuestro Padre. Pero no para llegar referido a la meta última, es decir, no para llegar al encuentro con Dios en el cielo; sino que nos enseña a vivir una vida digna de hijos de Dios, acá en la tierra y todos los días de nuestra existencia.
María no es el modelo termina de cómo llegar al cielo, sino que es el modelo acabadísimo de cómo vivir el cielo; de cómo vivir la paternidad de dios en nuestra vida.
Teniendo en cuenta que el cielo es vivir en la presencia de Dios, cuánto más podrá experimentar el alma el mismo cielo sino cuando vive en comunión con su Padre celestial.
Y esta es la vida de María, esta es la comunión de la Hija con su Padre, la experiencia de cielo. Vivir en la presencia de Dios hace de nuestra vida una vida única, feliz, esplendorosa y totalmente filial como la de María.
Llegar, entonces al cielo, o a la meta no es cuestión que comience con la muerte, de hecho la Iglesia nos enseña que María no conoció ni experimentó en ella la corrupción, María no pasó por la muerte. Entonces, si este fuera el único encuentro de cielo, ¿María dónde estará?
Entonces, como decimos, el cielo es la contemplación de Dios que puede darse todos los días, todo el día. Esa es la meta que nos muestra María Santísima, ese es el cielo que debemos aspirar. La vida eterna se dará por añadidura si vivimos acá la experiencia de Dios.
Y esa es la meta que ella nos enseña con su vida, no el fin último sino el fin primero. El fin último sería la muerte, el fin primero es vivir desde ya la presencia de Dios y en la presencia de Dios, nuestro Padre.
Ir a su encuentro, ir a él, estar con Él, dedicarle su tiempo, devolverle lo que nos da. Escuchar su Palabra, conocer los sentimientos de su corazón que nos expresa en las Sagradas Escrituras, leer todos los días sus cartas de amor que es la Biblia. Leer nuestra vida en esas páginas llenas de amor y donación para sus hijos, recibir tantos consejos que nos llevarán sin dudas a una verdadera vida de cielo, en la casa del Padre. En nuestro corazón que es su casa y proclamaremos la grandeza del Señor y se alegrará nuestro espíritu en Dios, nuestro Salvador porque nos ha mirado con bondad.
Nos ha mirado con bondad y nos hemos dejado ver por su bondad, porque el totalmente nos mira bondadosamente, pero no caemos en la cuenta y no le damos importancia.
María nos llama continuamente a dejarnos mirar con y por la bondad de dios, nuestro Padre, que se fija en el humilde y pone sus ojos en los pequeños, en los que se humillan.
Ella nos muestra el verdadero ser hijos de Dios. Con su pureza, obediencia, sumisión, docilidad y sobre todas las cosas la sencillez y humildad características; muy propias de ella, nos va indicando el camino de una verdadera vida filial con Dios.
Como hija de Dios, María, en primer lugar nos deja ver en su actuar cotidiano; actuar que nace de mi imaginación, la relación íntima de hija a Padre y de Padre a Hija.
Deseo expresar algunas referencias de mi imaginación acerca de la relación de María con Dios. Me la imagino totalmente feliz de encontrarse con su Padre ¿dónde? En la ORACIÓN ¿Cuándo? SIEMPRE ¿Por qué? Porque consideraba una NECESARIA OBLIGACIÓN DE AMOR ir al encuentro con su Padre.
Como cada uno de nosotros, que tenemos esa urgencia o necesidad de ver a nuestros padres, o al menos así debería ser; todos los días si es posible. O algún llamadito por teléfono, o una carta si estamos lejos, o un e-mail en este tiempo. Nos tenemos que comunicar, no los tenemos que sentir lejos, tenemos esa necesidad de sentirnos partes de nuestros padres y que ellos se sientan parte nuestra. Tenemos la inquietud de hacerlos sentir bien, de que nos ocupamos de ellos, que estamos atentos a sus necesidades. Y muchas veces, ya crecidos los hijos, necesitamos recibir sus consejos, sus opiniones.
Muchas veces los extrañamos y queremos tenerlos cerca y eso nos motiva a comunicarnos con nuestros padres de alguna manera, vamos viendo la forma de acercarnos aún a pesar de la lejanía. Muchas veces planeamos las vacaciones para estar y compartir con nuestros padres después de un largo tiempo sin verlos.
Es decir, nuestros padres son parte esencial de nuestra vida, autores de nuestra existencia, merecedores de nuestra atención.
Hecha esta referencia, entonces, me imagino María con esta relación con su Padre Dios. Relación que la lleva a discernir y conocer muy bien la voluntad de su Padre. Como quien dice “te conozco, conozco tus gustos” así María conoce la voluntad de Dios.
Al ir al encuentro de Dios su Padre se deja enseñar por Él, seguramente le pediría consejos para actuar como a Él le agrada. Seguramente no hubo ni habrá mujer más obsequiosa con su Padre celestial que María Santísima, su vida un regalo para Dios, todo en ella le pertenecía y le pertenece.
De esa relación Padre-Hija nace la prontitud en reconocer las cosas de Dios, la llamada de Dios y la sencillez en la respuesta. Ella tiene la certeza, más que nadie, de que Dios no nos pedirá nada que no podamos hacer y que todo lo que pide es porque Él lo hará. Y su prontitud en la respuesta es su cualidad mayor, su sencillez. Simplemente dice sí, porque su sí es para su Padre y un Padre nunca pide cosas malas a sus hijos ¿habrá entonces motivos para poner resistencia al pedido del Padre? Absolutamente no.
Es digno de imaginar la felicidad, el gozo interior que la desborda, como lo dice en el Magníficat, el hecho de poder encontrarse con su Padre. Porque no se me ocurre imaginar que el Magníficat es un canto que lo hace en ese momento porque como decimos “le cayó la ficha”… A María Santísima la ficha le cayó, si es que vale la expresión, desde siempre. Porque su gozo, su proclamación de la grandeza del Señor, el alma elevada a Dios y todo lo que dice en su canto no es que lo pensó en ese momento o que le produjo decirlo porque Isabel la elogió. No. María siempre, siempre proclamó la grandeza del Señor. Con su existencia proclamó y proclama la grandeza del Señor y su espíritu se alegró y se alegra en Dios, su Salvador.
Es por esto que, si miramos a María, podemos aprender en su escuela a ser buenos Hijos de Dios.
Siempre deseamos que hayan escuelas para padres, escuela para conductores, escuela para teatro, escuela para idiomas, escuelas… etc.… y tenemos una maravillosa escuela para ser hijos de Dios a la cual no concurrimos, ni miramos, ni advertimos muchas veces.
Si queremos ser buenos hijos, miremos a la Hija.
Y la sencillez con la que se acerca al Padre: nada de palabras rebuscadas, nada de tiempos medidos, nada de propuestas tontas o pretenciosas, nada de imposiciones o cuestionamientos, nada de dudas o desconfianzas. María se acerca a Dios realmente como lo que Él es, un Padre. Y ella se acerca también como lo que es, la Hija. Así de sencillo. Así como es ella.
María, como hija nos enseña a tener una relación personal con el Padre; Ella nos muestra cuánta comunión puede haber entre la criatura con su creador; de los hijos con su Padre.
Con su relación filial nos dice que nuestra vida debe ser totalmente filial, que nuestra relación con Dios no debe ser como con un jefe o un ser extraterrestre que nada tiene que ver con nosotros, sino de un ser que nos ama y está a nuestro lado todos los días de nuestra vida, que nos habla si lo escuchamos, que nos mima si nos acercamos, que nos muestra su plan de amor si se lo permitimos; y que tiene todo el derecho de pedirnos cosas, actitudes, misión… lo que Él quiera porque como Padre sabe lo mejor y quiere lo mejor para cada uno de sus hijos. Y como hijos debemos responderle con generosidad, ya que debemos agradar al Padre con nuestras obras, como lo hizo María.
¡Qué gracia enorme tenemos en María! La hija que nos muestra e ilumina el camino a los hijos, a cada uno de nosotros, para poder llegar a Dios nuestro Padre. Pero no para llegar referido a la meta última, es decir, no para llegar al encuentro con Dios en el cielo; sino que nos enseña a vivir una vida digna de hijos de Dios, acá en la tierra y todos los días de nuestra existencia.
María no es el modelo termina de cómo llegar al cielo, sino que es el modelo acabadísimo de cómo vivir el cielo; de cómo vivir la paternidad de dios en nuestra vida.
Teniendo en cuenta que el cielo es vivir en la presencia de Dios, cuánto más podrá experimentar el alma el mismo cielo sino cuando vive en comunión con su Padre celestial.
Y esta es la vida de María, esta es la comunión de la Hija con su Padre, la experiencia de cielo. Vivir en la presencia de Dios hace de nuestra vida una vida única, feliz, esplendorosa y totalmente filial como la de María.
Llegar, entonces al cielo, o a la meta no es cuestión que comience con la muerte, de hecho la Iglesia nos enseña que María no conoció ni experimentó en ella la corrupción, María no pasó por la muerte. Entonces, si este fuera el único encuentro de cielo, ¿María dónde estará?
Entonces, como decimos, el cielo es la contemplación de Dios que puede darse todos los días, todo el día. Esa es la meta que nos muestra María Santísima, ese es el cielo que debemos aspirar. La vida eterna se dará por añadidura si vivimos acá la experiencia de Dios.
Y esa es la meta que ella nos enseña con su vida, no el fin último sino el fin primero. El fin último sería la muerte, el fin primero es vivir desde ya la presencia de Dios y en la presencia de Dios, nuestro Padre.
Ir a su encuentro, ir a él, estar con Él, dedicarle su tiempo, devolverle lo que nos da. Escuchar su Palabra, conocer los sentimientos de su corazón que nos expresa en las Sagradas Escrituras, leer todos los días sus cartas de amor que es la Biblia. Leer nuestra vida en esas páginas llenas de amor y donación para sus hijos, recibir tantos consejos que nos llevarán sin dudas a una verdadera vida de cielo, en la casa del Padre. En nuestro corazón que es su casa y proclamaremos la grandeza del Señor y se alegrará nuestro espíritu en Dios, nuestro Salvador porque nos ha mirado con bondad.
Nos ha mirado con bondad y nos hemos dejado ver por su bondad, porque el totalmente nos mira bondadosamente, pero no caemos en la cuenta y no le damos importancia.
María nos llama continuamente a dejarnos mirar con y por la bondad de dios, nuestro Padre, que se fija en el humilde y pone sus ojos en los pequeños, en los que se humillan.
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